Su gran ventaja sobre los otros candidatos era el factor reconocimiento que relacionistas, prensa, televisión y otros medios le concedieron. Desde el más fútil cotilleo hasta los asuntos de Estado, Donald mantuvo y mantiene la presencia y exposición avasallante contra la que ningun politico pudo competir.
A pesar de lo anterior, soy de los muchos que pensó que Trump no tenía chances de convertirse primero en candidato a la presidencia, y mucho menos en presidente de los EUA. Esa desenfadada opinión convirtió el triunfo de Trump en una gran sorpresa a pesar de todas las señales que vienen ocurriendo de un tiempo a esta parte.
Lo que me lleva a mi segunda consideración. ¿Puede alguien pensar que Trump no representa los colores de EUA? Hay quien citará la constitución como si fuera el muro de contención. Hay quien dirá que en la “democracia” más poderosa del mundo los pesos y contrapesos limitan los excesos. Y hay quien realmente cree el cuento de la excepcionalidad según deriva de aquel discurso pronunciado en Gettysburg, en 1863.
Sin embargo, en un principio, cuando vimos a Trump entrar en la contienda presidencial, imaginamos todas las razones por las que -según nosotros- el hombre no ganaría: Es un arrogante, es un engreído; es un irrespetuoso, es demasiado ambicioso, es un misógino, es racista, es un xenofobo, es un metiche, es violento, es desconsiderado, es un abusador, es un estafador, es un mentiroso… Todos esos calificativos y otros que seguramente conoceremos en el futuro.
La cuestión es que nunca pensamos que Donald es la suma de todo eso, y a pesar de ello, alguna que otra virtud debe tener. Como el país que se apresta a presidir.
Porque EUA no es la estatua de la libertad necesariamente. Es el primer y único país del mundo que detonó no una, sino dos bombas atómicas sobre civiles. Es el país que en Vietnam lanzó más explosivos sobre villorrios y campesinos que los lanzados durante la Segunda Guerra Mundial. Es la nación que consideró a Mandela terrorista y a los Contras luchadores por la libertad a quienes la CIA financió con el trasiego de la coca.
La que creó la prisión de Guantánamo y mantuvo secuestrados y presos a decenas de ciudadanos musulmanes inocentes. El gobierno que encerró a sus ciudadanos de ascendencia oriental en campos de concentración. El país que bajo un esquema de privatización delegó las facilidades correccionales a una empresa que sobornó a jueces -y estos aceptaron- para llenar los espacios carcelarios con decenas de jóvenes.
La nación que, bajo un pretexto falso transmitido a toda su ciudadanía y al mundo, invadió a Irak desestabilizando toda una geografía y sus etnias; la que continúa interviniendo en otros países del Medio Oriente.
Es el imperio que denuncia sin pruebas concretas que Rusia influenció las elecciones presidenciales y obvia que ese ha sido su modus operandi en Ucrania, Congo, Guatemala, Zaire, Grecia, Chile, Italia, Cuba, Puerto Rico, Angola, Panamá, Venezuela, República Dominicana, El Salvador, Irán, Irak, Libia, Afganistán, Filipinas y China entre otros. Es el país donde el racismo es un hecho; es la nación que socolor de impedir el terrorismo ha matado más de un millón y medio de habitantes en Irak y Afganistán; un país de inmigrantes inoculado con xenofobia; es un país cuyos ‘intereses” no son los del ciudadano común, sino los de un complejo industrial militar capaz, no de influir, sino de dirigir la diplomacia y la política exterior. Un país que prefiere destruir los alimentos para mantener un precio a costa del hambre de sus más de treinta millones de pobres; un país que se niega a brindar un sistema sanitario decente y prefiere gastar el triple de todo lo que gastan otros países y potencias en su aparato militar y de “inteligencia”.
Para que un país realice todas estas “hazañas” impunemente requiere que mucha gente, decenas de millones de personas, las acepte, las ejecute, las avale y vea estos actos como algo necesario, como acciones naturales o correctas.
No digo que EUA no tenga virtudes encomiables. Trump también debe tener sus buenos hechos. Pero, después de todo, EUA es el país de Trump. Y Trump… la síntesis de su marca.