lunes, 9 de enero de 2017

La marca Trump.




Casi todo el mundo por estos tiempos lleva en la boca al fenómeno Donald Trump. En los próximos días asumirá el puesto como el presidente número cuarenta y cinco  de los EUA.  

A sus setenta años, Donald mantuvo su pertinencia entre el pueblo norteamericano,  primero como hombre de negocios y luego como contenido en el conglomerado del entretenimiento y la información. Programas de entrevistas, cobertura de sus iniciativas de negocios, y hasta serial televisivo. Desde esos nichos mediáticos se fraguó su omnipresencia entre sus conciudadanos. Claro está, su narcisismo y voracidad complementaron el camino hacia la candidatura presidencial.


Como norma general el político compite para exponer su persona y divulgar sus ideas desde un costoso y complejo entramado partidista y de leyes electorales. Donald no estuvo sujeto a esa fuerza de gravedad que inicia y limita a los políticos de carrera. Por el contrario, flotaba y se lucía sobre ellos desde hace mucho tiempo.  Cuando decidió incursionar en la vida política, Trump ya era un producto, una marca de consumo diario; la suma de toda la publicidad y la propaganda encarnadas.
 
Su gran ventaja sobre los otros candidatos era el factor reconocimiento que relacionistas, prensa, televisión y otros medios le concedieron. Desde el más fútil cotilleo hasta los asuntos de Estado, Donald mantuvo y mantiene la presencia y exposición avasallante contra la que ningun politico pudo competir.

A pesar de lo anterior, soy de los muchos que pensó que Trump no tenía chances de convertirse primero en candidato a la presidencia, y mucho menos en presidente de los EUA. Esa desenfadada opinión convirtió el triunfo de Trump en una gran sorpresa a pesar de todas las señales que vienen ocurriendo de un tiempo a esta parte.

Lo que me lleva a mi segunda consideración. ¿Puede alguien pensar que Trump no representa los colores de EUA? Hay quien citará la constitución como si fuera el muro de contención. Hay quien dirá que en la “democracia” más poderosa del mundo los pesos y contrapesos limitan los excesos. Y hay quien realmente cree el cuento de la  excepcionalidad según deriva de aquel discurso pronunciado en  Gettysburg, en 1863.

Sin embargo,  en un principio, cuando vimos a Trump entrar en la contienda presidencial, imaginamos todas las razones por las que -según nosotros- el hombre no ganaría: Es un arrogante, es un engreído; es un irrespetuoso, es demasiado ambicioso, es un misógino, es racista, es un xenofobo, es un metiche, es violento, es desconsiderado, es un abusador, es un estafador, es un mentiroso… Todos esos calificativos y otros que seguramente conoceremos en el futuro.  

La cuestión es que nunca pensamos que Donald es la suma de todo eso, y a pesar de ello, alguna que otra virtud debe tener. Como el país que se apresta a presidir.

Porque EUA no es la estatua de la libertad necesariamente. Es el primer y único país del mundo que detonó no una, sino dos bombas atómicas sobre civiles. Es el país que en Vietnam lanzó más explosivos sobre villorrios y campesinos que los lanzados  durante la Segunda Guerra Mundial. Es la nación que consideró a Mandela terrorista y a los Contras luchadores por la libertad a quienes la CIA financió con el trasiego de la coca.
La que creó la prisión de Guantánamo y mantuvo secuestrados y presos a decenas de ciudadanos musulmanes inocentes. El gobierno que encerró a sus ciudadanos de ascendencia oriental en campos de concentración. El país que bajo un esquema de privatización delegó las facilidades correccionales a una empresa que sobornó a jueces -y estos aceptaron- para llenar los espacios carcelarios con decenas de jóvenes.
La nación que, bajo un pretexto falso transmitido a toda su ciudadanía y al mundo,  invadió a Irak desestabilizando toda una geografía y sus etnias; la que continúa interviniendo en otros países del Medio Oriente.
Es el imperio que denuncia sin pruebas concretas que Rusia influenció las elecciones presidenciales y obvia que ese ha sido su modus operandi en Ucrania, Congo, Guatemala, Zaire, Grecia, Chile, Italia, Cuba, Puerto Rico, Angola, Panamá, Venezuela, República Dominicana, El Salvador, Irán, Irak, Libia, Afganistán, Filipinas y China entre otros.  Es el país donde el racismo es un hecho; es la nación que socolor de impedir el terrorismo ha matado más de un millón y medio de habitantes en Irak y Afganistán; un país de inmigrantes inoculado con xenofobia; es un país cuyos ‘intereses” no son los del ciudadano común, sino los de un complejo industrial militar capaz, no de influir, sino de dirigir la diplomacia y la política exterior. Un país que prefiere destruir los alimentos para mantener un precio a costa del hambre de sus más de treinta millones de pobres; un país que se niega a brindar un sistema sanitario decente y prefiere gastar el triple de todo lo que gastan otros países y potencias en su aparato militar y de “inteligencia”.

Para que un país realice todas estas “hazañas” impunemente requiere que mucha gente, decenas de millones de personas, las acepte, las ejecute, las avale y vea estos actos como algo necesario, como acciones naturales o correctas.

No digo que EUA no tenga virtudes encomiables.  Trump también debe tener sus buenos hechos. Pero, después de todo, EUA es el país de Trump. Y Trump… la  síntesis de su marca.
 


domingo, 22 de mayo de 2016

martes, 17 de mayo de 2016

La importancia de llamarse Bernie



Sanders being arrested at a 1963 anti-segregation protest in Chicago. He was later found guilty of resisting arrest and charged $25.

No sé si Bernie, de lograr la presidencia de EU, se convertirá en un sátrapa. Aunque por su trayectoria de más de 30 años me inclino a pensar que ese no es su caso. Si bien Bernie no es Martin Luther King, tampoco está lejos de lo que entraña aquel discurso I have a dream.
Dicho eso, me sorprende cómo aparece un pelotón ad hoc para fusilar a los más de cuatro mil estudiantes que se dieron cita en el Teatro de la UPR deseosos de ver y escuchar a Bernie Sanders. Oigo como le dicen a esas personas, sin  conocer la afiliación política de cada uno, que están traicionando al independentismo o al movimiento soberanista porque la presencia de por sí del candidato dentro de una primaria demócrata para la presidencia de EUA, valida la política norteamericana para Puerto Rico y los procesos electorales del imperio. He leído “los izquierdosos respaldan al candidato demócrata; que hipócritas son! ahora les gusta el sistema americano”.
El que haya asistido a una clase de filosofía y haya comprendido el tema de la lógica, tiene la herramienta para descubrir el razonamiento falaz utilizado. No se trata de plegarnos al sistema norteamericano. Se trata de desear para el prójimo y nosotros mismos las oportunidades que el sistema ha erosionado ante nuestra impávida presencia.Y ese ideario está en la boca y las acciones de Bernie desde hace décadas.
Ahora resulta que coincidir con el contenido de un discurso, nos hace parte de todo un régimen político. Creer en un sistema de salud universal no tiene lindero. Creer en una educación gratuita tampoco. Respaldar igual paga y un sueldo digno para el hombre y la mujer es un asunto intrínsecamente moral. Creer que como sociedad debemos ser más justos y dignos no es política. Puede que la política se sirva de estos ideales. Pero eso es otro asunto. Sanders no encarna al sistema político americano. Más bien es esta rara y fresca excepción que a contrapelo levanta su voz para de alguna manera traer algo de razón a la vorágine política.
Sus ideas no son del partido demócrata, ni del sistema de primarias norteamericano. Sus ideas son metas universales que traerían justicia y paz a quienes logren alcanzarla. 
Quizás hemos perdido la sensibilidad. El cinismo ha anquilosado nuestra capacidad de idear soluciones. Nuestra dependencia a satisfacer gustos particulares e inmediatos nos hace propensos a preferir los espejismos. Somos nosotros, los que en nuestra madurez abandonamos los ideales, no por imposibles, sino por difíciles. Y entonces, después de varias derrotas, nos sentimos con la autoridad de desalentar a los jóvenes que tienen el ímpetu y la ingenuidad necesaria para realizar cambios maravillosos, de modo que lo antes posible se conviertan en nosotros.

domingo, 15 de mayo de 2016

Crisis en la pincelada verde....Puerto Rico.



Vivo en lo que alguien describió entre letras como “una pincelada verde en el mar”. Ese mismo trazo, libre alguna vez, se convirtió por la violencia y la avaricia en un botín de guerra repleto de descalzos y unos pocos encopetados.

Luego comenzó una empinada peregrinación por los desfiladeros de la identidad. La hégira no fue voluntaria. Y la ruta tomada fue una imposición que no estuvo ajena al llanto, ni al chantaje de un bombón. Hemos marchado hacia “las ventajas y prosperidad de la esplendorosa civilización” dando vueltas, extraviados, en el estrecho batey del coloniaje.

Entre el principio y el final, (que nunca sabremos a ciencia cierta cuándo fue uno o cuándo será el otro) mantenemos el debate sobre cuál debe ser nuestro destino correcto. Si no actuamos, a la decisión sobre ese destino no arribaremos por un consenso entre semejantes, ni tampoco democráticamente. Puerto Rico no ha gozado de una verdadera democracia desde que atracaron los que se adjudican ser los defensores y propulsores de esta. Antes tampoco. Por eso, desde 1898 nunca abandonamos nuestra condición de botín. Las estadísticas de la historia así lo comprueban. Como colonia, el utilitarismo decimonónico condujo las arbitrariedades que acondicionaron a gran parte de la ciudadanía. Aprendimos a saquearnos entre nosotros mismos porque otros nos dieron el ejemplo, y muchos paisanos decidieron seguirlo.
Y ahora que la vida nos pasa la factura, una marejada de confusión es desatada para que permanezcamos sumidos en el mismo miasma. Por un lado, quienes dieron el ejemplo al rapiñar, porque tuvieron y tienen el poder, amenazan con la misma bota de la macarra ocupación de 1898. Y los que acá se aliaron atándole los cabetes al infame calzado, que nunca fueron pocos, también pretenden mantenerse en el exfolio a cambio de su acostumbrada comisión.
En esta terrible encrucijada cívica,  se requiere todavía un torrente abrasivo que vaya limpiándonos la ceguera. No será antes cuando podamos emprender el desafiante trayecto hacia un nuevo destino. Y no por nuevo necesariamente será mejor, hasta que pongamos el empeño en adecentar la conducta propia, y la administración pública. Dentro de esa coyuntura siempre habrá varios bandos. Ojalá sepamos identificarnos con el bando correcto.

jueves, 16 de octubre de 2014

A mi hermanito Boti.



Son pedacitos que van quedando por ahí.  
El desprendimiento nuestro de cada día.
El fluido que apodamos vida en descenso hacia las rías, a mi me lleva más lento para que llore mis muertos.
Convertido en el auditor de los recuerdos, recreo tu cabello acaracolado y aquellos ojos chinos: la raza multilateral de tus agobiados tejidos.
Hermano por disposición de la afinidad, acorazada con sinceridad y cariño.  
Nueva York como nunca lo vi, gracias a tu mano.
Y aquel halago inmerecido, de que fui yo en algún momento el tipo más cool que habías conocido. 
Hermanito, ¡mandala de mi universo!   Sé que eres tú, en este viaje, la primera clase.