sábado, 22 de enero de 2011

De Túnez a Puerto Rico... un paso es.


No creo que seamos distintos a otros alrededor del mundo. Es decir, las necesidades que tenemos como seres humanos, nuestros apetitos y preocupaciones sino iguales, son patentemente similares. Lo que me lleva a pensar en Túnez. Un lugar que en alguna época albergó a una potencia llamada Cartago. Un rincón en el mundo donde poco más de diez millones de habitantes, han vivido durante los pasados veintidós años bajo la dictadura de un sátrapa y su esposa, una especie de Imelda Marcos con domicilio en las Mil y Una Noches. Un país que si bien celebraba elecciones, la contundente y reiterada victoria de su presidente, Zine El Abidine Ben Ali, era la mejor evidencia de la traición al juego limpio.

Hasta que el 17 de diciembre de 2010, Mohamed Bouazizi, un desempleado con grado universitario, buscándoselas en un carretón desde el que vendía frutas, fue intervenido por la policía por no contar con una autorización para vender. Los oficiales del orden público le “confiscaron” su exiguo inventario. Ante el atropello oficial, Mohamed presentó una denuncia. El problema fue que la misma no fue acogida. Entonces, algo muy fuerte tuvo que haber sucedido en las conexiones neurológicas del desdichado egresado; demasiado fuerte. No tan fuerte, sin embargo, como para impedirle que le escribiera una nota a su señora madre, en la que le suplicaba por el perdón. Pero lo suficientemente fuerte como para que, en su desesperación, comprara un embase con gasolina, caminara hasta un edificio gubernamental, se roseara el combustible sobre su cuerpo, y se prendiera en fuego.

“…la culpa es de nuestros tiempos…” fue otra de las frases suscritas en su nota. Como apunta un medio de noticias alternas, Mohamed no tan solo encendió su cuerpo, sino una mecha para las protestas.

Un mes después el presidente absolutista Abidine Ben Ali y su esposa abandonaban el país, no sin antes apropiarse de unas cuantas barras de oro.

Y así como pensé en Túnez, regresé a Puerto Rico. Y palpo el desempleo, los suicidios y las frases como “such is life”. La tasa de asesinatos elevadísima en lo que constituye de facto una guerra civil, cuya médula no es otra que el factor económico y las preocupaciones que derivan de dicha variable. La falta de servicios a los ciudadanos. El miedo que nos insuflan. Y no digamos el maltrato institucional al que poco a poco, parece, nos hemos ido acostumbrando.

Pienso en esa Universidad que independientemente de lo que diga el gobierno solo deberíamos plantearnos una pregunta: ¿Será igual o más accesible la Universidad de ahora en adelante? Y escribo Universidad con mayúscula porque por antonomasia, no debería uno entrar en discusiones sobre su calidad. Ínsita es pues la característica por el mero hecho de evocar su concepto.

Y pienso en ese otro concepto a flor de lengua, la democracia, como la excusa que me dará mucha gente cuando compare a Puerto Rico con Túnez. “Es que aquí hay democracia”, dirán. Esa democracia que cada cuatro años, en un juego de sillas, intercambia personas que son estirpes repetidas y que poco o nada cambian. Que les molesta cuando se les dice que lo han hecho mal y se ufanan cuando al colega le sale peor. Que se orugan en la simiente del sector público para, con prestaciones incomprensibles, vivir al margen de las necesidades que se acumulan día tras día por culpa de gestiones indecorosas. Que nos echan la policía encima cuando la protesta les revienta el refajo.

Al cabo de un abrir y cerrar de ojos, transcurren veinte años más y los mismos nombres continúan dando órdenes y sirviéndose del bolsillo del pueblo. Catorce o veinte nombres. Da lo mismos si fueran cien. Siempre los mismos, solo que con mejores beneficios y oportunidades desproporcionadas para ellos. Aunque pasen veinte años.

Algo así como el presidente de Túnez y su esposa.

lunes, 10 de enero de 2011

Promesas y Epifanías

La invitación surgió en la sobremesa. Y a las siete de la noche, cual lo pactado, íbamos de camino a una Promesa de Reyes. Antes, frente a mi ignorancia, inicié la investigación de rigor para no desentonar la solemnidad del evento. Sabido es que, durante la navidad, existe la probabilidad de que me creyera yo en una fiesta. Bueno, la Promesa de Reyes es una fiesta, pero una muy distinta; es la tradición de implorar a los Tres Santos Reyes por su intervención en un momento de necesidad, a cambio de un pacto personal, con el que un devoto solícito se compromete a pagar una promesa con su adoración.


En Puerto Rico, el día de Reyes, es una celebración cuya intensidad es proporcional a la distancia entre la capital y el campo en el que se celebre. Es decir, a mayor distancia de la capital, más fervorosa la celebración del día de Reyes. Por eso creo que la Promesa de Reyes se ve, por lo general, tierra adentro.

Una vez en rumbo, tardaríamos dos horas en llegar. La Promesa a la que me invitaron es reconocidísima y muy concurrida. Decenas –sino centenas- de personas, concitadas por la costumbre, llegan a la casa de Gracia Rivera, en el Barrio Quebrada Larga de Añasco, para cantarles a los Santos Reyes rosarios y aguinaldos.

A la casita de Doña Gracia se accede por una empinada cuesta y el eco de un rosario cantado vaticina nuestro encuentro. Dentro de este hogar se escuchan tambores, acordeones, güiros, guitarras y cuatros. La gente marca el ritmo a palmadas. Y las voces entonan cánticos alusivos a la epifanía. Esta Promesa a la que me han llevado tiene algo más de ciento treinta años. Pero además de un siglo, tiene folclor y misticismo. Más de cinco generaciones han preservado la tradición. Y no es casualidad, puesto que quien la inició allá por el 1880, obligó a su estirpe. Sus hijos, nietos, bisnietos, tataranietos y choznos son deudores y, hasta esta fecha, han honrado la obligación de pagar la promesa.

Son largas horas de aguinaldos en letanías. Improvisados o tradicionales. No se consume bebidas embriagantes, excepto una porción de aromático anís. Se sirve chocolate caliente y algunos entremeses. Allí, en la sala donde los músicos interpretan, hay una urna y dentro de ella puede verse la talla antiquísima de los Tres Reyes Magos. Pero la casa de Doña Gracia esta repleta de otras estampas. Tallas en estantes de madera; fotos de antepasados que también le fueron fieles a la tradición, y figuritas de yeso; emblemas de la epifanía que marcan la religiosidad de esta familia. El evento ya había comenzado días antes. Comenzó con procesiones en el vecindario. La urna que contiene la talla de los reyes es llevada casa por casa. Y los comprometidos pagan su promesa.

Cuatro horas después de llegar al hogar de Doña Gracia, continúan los cánticos. Recesos breves sirven para relevar músicos y cantantes. De momento hay también un cambio generacional. Una adolescente de rostro lozano y ojos inteligentes inicia sus coplas –compuestas por ella- y todos le hacen el coro. Una voz nada juvenil lanza una aseveración en un momento en que solo se escucha el acompañamiento musical: “Con ella, se salva la tradición”.

En ese pase de batón de una generación a otra, hay una epifanía en sí misma.

lunes, 3 de enero de 2011

Breve historia de la verdad… y otros embustes.

Voy a relatarles algo.
Muchas veces la realidad es demasiado inverosímil. Es como si nos hubieran insertado en el más inmenso relato jamás contado; un relato donde el reparto es interminable, y en el que protagonistas y antagonistas se confunden. En fin, parecería que la vida es un cuento repleto de ficciones que desfilan frente nuestros ojos con ropajes de verdades, entre las que tramitamos la supervivencia. Desconozco cuándo comencé a verlo de tal modo. Supongo que fue luego de aquella extraña visión que tuve cuando arribé, desde otro país, abordo del Satrústegui, un barco de matrícula española que mantenía ruta entre los puertos del Mar Caribe y las Antillas.

Atracados al muelle, antes de abandonar el barco, me pareció que el horizonte se inclinaba en un ángulo de treinta y cinco grados. Halé la manga de mi padre para advertirle, pero era imposible.Como del océano no se derramó una gota, ni las gaviotas se dieron cuenta. Nadie se consternó. Nadie protestó. Y hasta el día de hoy, desde esta Isla, el horizonte sigue torcido y parecería lo más normal del mundo.

Luego me enteré que en ese mismo barco que me trajo a las costas de la Isla, tres años antes de mi llegada, en el puerto de San Juan durante el mes de octubre de 1965, un cubano médico de profesión, pero de oficio asesino, colocó una bomba en el casco de la nave. ¡Y yo que miraba embelesado, desde la proa de aquel barco, peces voladores!

Varios años después -ese doctor- hizo lo mismo con un avión. Murieron setenta y tres personas entre los que viajaba un equipo de esgrimistas cubanos.

Pero hubo otras señales.

Ya establecido en la Isla, llegó un extraño anfibio, de fuerza sobre humana: el Garadiábolo. Era aterrorizante. Al menos en la foto. Impresionante era la historia de aquel maestro de educación física que le hizo frente a un ser que parecía salido del mismo infierno. Una especie de monstruo en miniatura. Se estremeció el país con la noticia. Pero unos hombres vestidos de negro, se incautaron del monstruito, precisamente antes de que el valiente profesor lo entregara a la ciencia para el estudio de rigor. Al menos, ese fue el cuento dicho por el profesor.
La prensa se cebó con la historia y muchos en el país temblaban. Para esa misma época, o quizá antes y por lo bajo, además del Garadiábolo, otros horrores ocurrían. Pero no los conocíamos. Se les documentaba en gruesas carpetas secretas, y delataban otro tipo de perdición entre hombres de discreta consagración. Eran criaturas de la Guerra Fría. 
Supongo que le llaman así porque ha de haber disparos de nieve.

Más tarde, mientras en el clandestinaje ocurría lo suyo, un nuevo engendro apareció en Puerto Rico. No sé qué era más abundante: si la sangre de sus víctimas o la tinta con la que se reportaba sobre su existencia. Así que toda la atención isleña se vertió sobre el Vampiro de Moca. De hecho, no se sabe si lo atraparon. O si resolvieron todos aquellos oscuros sucesos que le achacaban al Vampiro. Supongo que los órganos oficiales del gobierno andaban muy ocupados higienizando ideologías y secretamente sacando de circulación entes, a su entender, mucho más peligrosos. Como a mi abuelo. Un peligrosísimo conserje retirado del servicio público.

Ajenos a todo este trajín, ciudades y pueblos mantenían todo su interés en el aparecido (Vampiro de Moca). Los ecos de tanto fenómeno retumbaba a tal grado, que al pueblo le fue imposible imaginar que cuando dos personas fallecieron a manos de la policía en una montaña -épicamente llamada Cerro Maravilla- se trataba de un asesinato y no de una lucha entre héroes y villanos. Así la pintó un político, al que luego un militante más recalcitrante que él, le hincharía un ojo mientras dilucidaban –entre espirituosos- cuán imbécil era un tal George Bush. Bien merecido fue el puño, porque, ¿Cómo ha de tildarse de imbécil a un hombre que habla con Dios?

Pero de regreso a los hechos de aquellos desafortunados muchachos, es justo recalcar que algunos de los héroes, cumplieron algo así como veinticinco años de prisión. A otro que andaba con los difuntos, pero que salió herido en el dedo meñique, lo mataron de tres disparos. En esa ocasión, nada le sucedió a sus dedos. Nunca se supo quien le disparó, aunque, en honor a la verdad, la Organización de Voluntarios por la Revolución se adjudicó los hechos. No hubo arrestos. No sé porqué. Supongo que esa organización -y el Vampiro de Moca- obran en conjunto y deben estar en la lista de los más buscados.

Ya para ese entonces comenzaba a darme cuenta que en la vida, a veces, no hay una línea clara que defina la verdad de la ficción.

En cuanto al Vampiro, admito que no me extrañaba su “existencia”. Ya en Venezuela –de donde yo venía- había escuchado de aquella otra alma en pena apodada la Llorona. Otra aparecida que mantenía en vilo a la gente, mientras adecos, copeyanos y milicos desvalijaba al país. Y aunque mi abuelo paterno no fue asesinado por agentes del estado, alguien me contó que le torturaron en prisión. Le quemaron la piel. Pero el Abuelo nunca me dijo sobre lo terrible que eran los hombres cuando no están de acuerdo con las ideas de otros hombres. Esa parte de la historia la excluyó. Sus cuentos siempre tenían un tono feliz. Quizá, la Llorona era de mayor preocupación.

El calendario continuó su curso, y en sus días transcurrían cosas fuera de este mundo. Platillos voladores, apariciones de vírgenes, un pastor protestante que milagrosamente platificaba muelas, políticos honestos que iban presos, designios divinos y hasta un santo fallecido hace siglos, de quien se dice, le crece uñas y cabello.

El Comecogollos apareció a principios de los noventa. Pero rápidamente, por ser herbívoro, cedió su notoriedad al Chupacabras. Entre tanto, otro personaje se sumó al elenco de la historia. Un hombre que consumía grandes cantidades de cerveza holandesa, pensionado por padecer de sus facultades mentales, pero con suficiente arraigo entre su gente, como para ser electo alcalde. A este no le interesaban los comecogollos ni el chupabras. Más bien tenía una gran afición por la historia. Y consecuente con sus afectos, allá se fue a Rusia y adquirió una inmensa estatua de Cristóbal Colón. Pagó tres millones de dólares por traerla desmembrada, pero insistía que la misma era gratis. Una ganga. Lo último que se supo de la colosal escultura fue que la cabeza de Colón yacía tirada en algún espacio infecundo del municipio, a la intemperie. Algo así como un vudú reivindicatorio y colectivo. Aunque pensándolo bien, tal vez ese fue el propósito desde el principio.

Mientras tanto, y ante la peligrosidad del Chupacabras, (que no cejaba de atacar conejos, gallinas y cabritos), otro hombre se alzó a la altura de la circunstancia. Realmente no se le entendió muy bien lo que dijo cuando decidió cazar al Chupacabras. Era, y sigue siendo, un hombre de pocas palabras (entendibles, quiero decir). No era casualidad que fuera alcalde. Y tampoco que hubiera sido policía. Sin embargo, nadie ha podido explicar cómo todavía no ha dado con la escurridiza alimaña. Pero un alcalde-policía-cazador no se rinde. Por eso, también anda de expedición para atrapar a la Gárgola. Ah, ¿no les dije? Por acá merodea una de éstas, a una década de comenzar el Siglo XXI. Pobre de ella cuando el alcalde le eche el guante. Es bueno cuando el gobierno y los grandes periódicos toman en serio estas cuestiones.

El otro día a través del buró de prensa más importante del “país”, me enteré que el gobierno no escatimaba recursos para resolver estos asuntos de envergadura. El propio gobernador fue entrevistado por la reportera más famosa de la Isla. Una muñeca. Literalmente. En Puerto Rico una muñeca de trapo nos mantiene al día con una cobertura noticiosa que ya es paradigmática. Les juro que he visto la muñeca en el palacio de gobierno; asomada por la ventana y lanzando besos junto a un gobernador de otra administración. Uno prometió que no despediria  nadie, y el otro juró que no impondria un impuesto sobre la venta. Todavia hay alguna gente que les cree.

Aunque hablar con muñecas, prometer, jurar,cazar chupacabras, independentistas y gárgolas parecería una responsabilidad inherente al poder ejecutivo, merecida mención adeudo a un hechicero que conoce toda la cábala necesaria para adivinar el futuro y resquebrajar lo mismo. No está en el poder ejecutivo. Es legislador. La prensa ya lo reseñó. Es decir, la muñeca. Incluso otros medios le han dedicado unas cuantas cuartillas. ¿Su mayor acierto? Saber el secreto de los caracoles y, mediante ellos, hurgar y definir el destino de la gente. Una habilidad demasiado importante como para no estar en manos de un miembro del gobierno.

Recientemente una nueva situación reclamó la atención del Estado: La Universidad. Ya antes había dado problemas. Sobre todo cuando se les quiere cobrar más a los estudiantes. Pero se lidió del modo más democrático posible: el gobierno le dijo a los estudiantes cuanto los odiaba y los persiguió a rotenazos por toda la ciudad. Varias veces.

Pero los muy zafios no entran en razón. Y como a la universidad se va a estudiar y no a debatir, se prohibió cualquier tipo de expresión multitudinaria en su recinto, excepto aquellas a favor del gobierno y solo las que hace la alta oficialidad.

Además tomaron medidas razonables para salvar la institución e impedir el vandalismo. Por ejemplo, por orden de los administradores de la universidad, se arrancaron los portones y luego pusieron las cosas en su justa perspectiva: culparon a los estudiantes por ello, porque si los dejan, gamberrean. También se contrató a un otrora villano de la lucha libre para que encarara la situación. Después de todo, ¿a quien se le ocurre reclamar educación de excelencia a bajo costo?

De paso, con esa sapiencia que posee todo gobierno, particularmente el nuestro, se decidió llenar la universidad de personas que sepan seguir directrices y sean gente de ley y orden. Por eso, la atiborraron de policías. Supongo que por su condición de ex policía, el alcalde-cazador cualifica para pisar la universidad y, dada su proclividad a cazar gárgolas y chupacabras, aprovechará la ocasión para, luego de solicitar su beca, licenciarse en zoología.

Todo lo anterior es la verdad, lo demás... es puro cuento.

sábado, 18 de diciembre de 2010

If I fell...

Me obsequiaron una experiencia sensorial. Una película cuyo único parangón sería Hair, aquella que en los años setenta, adolescente yo, reconfortó mis ideales por ser un pácifico grito de resistencia.  La cinta se llama Across the Universe,  y para quienes disfrutamos los resabios de la música de los Beatles, esta obra es realmente fuera de serie en todos sus aspectos. De ella, este cachito:

If I fell in love with you
Would you promise to be true
And help me understand
'cause I've been in love before
And I found that love was more
Than just holding hands
If I give my heart to you
I must be sure
From the very start
That you would love me more than her
If I trust in you, oh please
Don't run and hide
If I love you too, oh please
Don't hurt my pride like her
'cause I couldn't stand the pain
And I would be sad if our new love was in vain
So I hope you see that I
Would love to love you
And that she will cry
When she learns we are two
cause I couldn't stand the pain
and I would be sad if our new love was in vain
so I hope you see that I
would love to love you
and that she will cry when she learns we are two.
If I fell in love with you

viernes, 3 de diciembre de 2010

Extraño a Deep Throat.

No siento asombro por toda esa información que se riega sobre los asuntos diplomáticos de los Estados Unidos y otros países. Es que no es difícil imaginárnoslo. Sí me sorprende, sin embargo, el tono en la reacción de alguna gente.
Políticos, diplomáticos y espías son parte de una zoología omnipresente, pero de distinta especie. Y Wikileaks, o mejor dicho, las reacciones a lo que divulga Wikileaks, así lo patentizan. De momento la libertad de expresión y de prensa se tambalean. La condena y persecución a Wikileaks es un preámbulo muy sospechoso, que de tener éxito, pronto regresará para mordernos.


Y digo esto porque existe una obstinación con eliminar el foro creado por Julián Assange. Wikileaks puede significar una verdadera puerta a la transparencia y un disuasivo al juego sucio. Empero, la reacción represiva es contundente. Ya hay quien ha dicho que “Wikileaks no es una fuente, ni Assange un periodista.” Esto es el primer paso para debilitar la libertad de expresión y el derecho a la información. El dilema del árbol prohibido esta devuelta. Si leemos Wikileaks perderemos el paraíso.

Hay demasiada soberbia e injusticia en el ejercicio del poder. Hay intereses infinitos que proteger. Hay que mantener cipayos a toda costa. Y a la evolución… hay que ponerle bridas de censura.

Sí, evolución. Ya el mensaje de “por la libertad y la democracia” ha rebasado el umbral máximo. Antes sirvió para conflictos que alguna moralidad tenían, dentro de toda su espantosa consecuencia. Ya no. Hemos evolucionado. Ya se intuye por donde y hacia qué se encaminan las guerras, las leyes y la diplomacia. El problema es que rara vez nos lo corroboraban.


Mark Felt - Deep Throat
Mark Felt alias Deep Throat

Excepto ahora, con Wikileaks.

Los gobernantes están dolidos. Ya no tienen cuerpos inmaculados. Ahora sus pústulas están visibles a todos. Y son bastante desagradables. 

A pesar de ello, los políticos quieren  -por todos los medios-  decidir lo que es bueno para nosotros.  Si no nos avispamos, el mensaje será otro, y andaremos más o menos otro siglo de espaldas a la realidad. Nos dirán, como ya han empezado a hacerlo, que todo lo que hace un gobierno es “por la seguridad y en contra del terrorismo”. Y nos mantendrán entre cuatro paredes bombardeados de información tenebrosa que nos desaconseje viajar, preguntar, cuestionar, protestar, diferir y propiciar cambios, no necesariamente en ese orden.

Wikileaks es una simiente muy poderosa, cuyo compromiso es, aparentemente, divulgar información que propiciará debates. Y el debate se centrará en si las instituciones que basan su existencia -y se sostienen- diciéndonos cómo conducirnos en nuestras respectivas vidas, y qué es bueno para nosotros, hacen lo contrario, con el dinero de los contribuyentes y la riqueza de cada país. Es lo que la prensa más seria hizo por años. Watergate, por citar solo un ejemplo. De momento nadie se acuerda de Bob Woodward y Carl Bernstein. Y cuando se habla de Deep Throat, la gran mayoría se sonroja, pero por la razón incorrecta.

Woodward and Bernstein
Bob Woodward, izquierda, y Carl Bernstein tenían
veinte años cuando comenzaron a investigar
el encubrimiento de Watergate (foto po Michael
Williamson The Washington Post)

Con Wikileaks, no se ponen en riesgo los buenos ejemplos, sino que se desenmascara a los impostores. Pero hay impostores muy poderosos a quienes conviene vivir de y desde su impostura. Por eso claman por la más vehemente de las censuras.

Una censura a raja tabla. Hay políticos que piden pena de muerte por alta traición -y larga vida a la ignorancia- a raíz de la divulgación propiciada por Wikileaks. Y ¿desde cuándo es alta traición divulgar a un pueblo que el gobierno y sus aliados juegan sucio? ¿Desde cuándo es traición abrirle los ojos a quienes ignoramos tantos asuntos?

Los diplomáticos han sido algo más moderados en sus expresiones que los políticos. De hecho, han comenzado a contactarse para decirse entre ellos “donde dije digo dije diego”. Y los espías, por razones obvias, prefieren mantenerse en su mundillo de telarañas e intrigas.

Con estos tambores de guerra, dudo mucho que Julián Assange, pueda sentarse en el balcón de su hogar –o su refugio- a ver pasar el cadáver de su enemigo… Es ingente su antagonista. Y este enemigo nace y crece todos los días... por falta de información.




viernes, 26 de noviembre de 2010

Viernes Negro

Este tipo de viernes nunca tuvo mejor nombre. Viernes Negro. Así con nombre y apellido. Veo fotos de hordas de gente a galope como si huyeran de un desastre natural o como si fueran perseguidos por un poder superior. De repente me doy cuenta que por ambas razones, precisamente, es que corren llenos de emoción hacia el interior de una mega tienda, cualquiera que esta sea. Y es un desastre ya natural el que la gente salga de compras como si el mundo fuera a terminar. Y ciertamente es un poder superior aquel que los conduce hasta cualquier comercio y en un insomnio irracional, aguardar por elevar a elixir el acto de comprar.  Frenética es la lucha para adquirir un instante de alegría, y muy dudosa la transparencia de buena parte del comercio. Lo que me recuerda que mucho, o poco, pueden costar las cosas, pero de algo estoy seguro: la felicidad es gratis.

martes, 23 de noviembre de 2010

¿Cuál es tu pasión?

Entro a uno de esos bancos que como Cristóbal Colón llegaron colonizándolo todo. Una vez en el vestíbulo de la institución, acceso una fila con alrededor de doce personas, en una parsimoniosa caminata que de vez en cuando y uno a uno se aproxima a la dependiente en caja. Eso de contar dinero ajeno debe ser un oficio que pone la carne de gallina. Aguardo y bajo la congénita condición que me impide estar quieto, miro al techo, miro a la gente, leo sus rostros, veos sus manos, observo sus zapatos, atisbo a los oficiales del banco hasta que encuentro un letrero ramplón, con aires publicitarios de bajo presupuesto, y al por mayor -en consideración a las muchas sucursales donde deberá estar expuesto, supongo- que dice, o mejor dicho nos pregunta ¿Cuál es tu pasión?


Una pregunta así de simple requiere una respuesta escueta. No es la escueta respuesta, sin embargo, una determinación o conclusión sencilla. ¿Cuál es tu pasión?
Y ya que la fila no daba señales de moverse a un ritmo que podamos describir como “apasionado”, le di pensamiento a la pregunta y terminé donde siempre termino desde hace unos cuantos años a esta fecha. Llegar allí, a esa respuesta que me amarra el pecho desde hace un tiempo, volvió a contrariar mi momento. En mi imaginación prometí escribir algo al respecto.


Me figuré el momento de batirme con las letras y el papel; busqué la definición de la palabra pasión. Aprendí que su origen es griego, como las tragedias, (πáάθος) y que luego algún pasional romano - no sé si por estar en alguna fila- la incorporó al latín (passĭo, -ōnis). Y entonces procedí a leer cada una de las definiciones:


1. f. Acción de padecer.
2. f. por antonom. pasión de Jesucristo.

ORTOGR. Escr. con may. inicial.
3. f. Lo contrario a la acción.
4. f. Estado pasivo en el sujeto.
5. f. Perturbación o afecto desordenado del ánimo.
6. f. Inclinación o preferencia muy vivas de alguien a otra persona.
7. f. Apetito o afición vehemente a algo.
8. f. Sermón sobre los tormentos y muerte de Jesucristo, que se predica el Jueves y Viernes Santo.
9. f. Parte de cada uno de los cuatro Evangelios, que describe la Pasión de Cristo.
~ de ánimo.
1. f. Tristeza, depresión, abatimiento, desconsuelo.


Con definición en mano me di cuenta que no me equivoqué cuando, ante la pregunta sucinta y directa ¿Cuál es tu pasión?, supe mi escueta respuesta. Una respuesta a la que se llega no sin antes vivir sus complicaciones. La respuesta que tiene nombre y que pronuncio todos los días de mi vida de un tiempo a esta parte y con quien entablo conversaciones sin siquiera estar presente; en las malditas mañanas; en las noches oscuras; en el almuerzo; en las comparsas donde la soledad se hace más cruel, porque hay tanta gente menos una. Y entendí que no puede haber otra pasión en mi vida que se haga de las definiciones tan a la medida. Por algo es mi Pasión.


“Señor, que cómo puedo ayudarlo” Sin darme cuenta estaba detenido en la ventanilla de servicio. Una joven de talante delicado se debatía entre gritarme y tratarme con cortesía ante mi embelesamiento que, de paso, retrasaba toda la fila. Realicé mi trámite aturdido. Como quien recién levantado y sin tomar una taza de café, pretende resolver la sucesión de Fibonacci. Y antes de salir del banco pude darme cuenta de que, así como una fila parecería inexistente al abstraernos en nuestros pensamientos, una pasión puede robarnos mucho de nuestras vidas.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Entre violadores...

No es que no lo crea incapaz de hacerlo, pero sería una estupidez que lo hubiera hecho. Julian Assage lleva auto de detención en su testa, por presunta violación y agresión sexual. Es hasta poética la imputación, si se considera que Assage debería saber cómo se cobra en el oficio de divulgar la verdad y violar secretos. La vida es el rubro, y la cuenta corriente de Assage es muy fina.

Luego de revelar miles de documentos del Pentágono antes de que siquiera alguien estimase propios para desclasificarlos, Julián se ha convertido en un tipo de Enemigo Público Número Uno de los Estados Unidos y sus circuitos de inteligencia, que son muchos y poderosos. Se dice que en el Pentágono un grupo de más de cien personas trabajan día y noche para “reparar” lo que las acciones de Assage impacten. Una división de inteligencia que se encarga de desacreditar verdades.

El fundador de Wikileaks, portal del internet que delata y publica los desmanes de los gobiernos, es un animal al que de momento se le ha declarado en temporada. No dudo que cazadores de lenguas sofistiquen mil modos de hacerse de este hombre que, de algún modo, acertó un golpe a las mentiras y la propaganda. Cuando te metes con ellos, te metes con toda la manada. Y son varios los países que tienen las yemas de sus dedos ensangrentadas.

Ahora resulta que a Julián se le acusa de violador. En Suecia. Claro, además de haber violado el velo bajo el que se esconden las mentiras sobre las que cimientan guerras. Haber violado el malévolo código de la discreción sobre el abuso institucionalizado y rapaz. Haber violado la pírrica paz del mundo, que excluye a los demás. Y no es que dude, como dije antes, que Julián Assage haya podido violar a alguien. Tampoco dudo que quienes conocen tan bien el oficio de violar vidas y pueblos tengan la medida exacta para ajusticiar a este rebelde con causa. Después de todo, como dicen quienes se han dado a la tarea de cazarlo: It takes one to know one. O como lo decimos en castellano: el ladrón juzga por su condición.

domingo, 26 de septiembre de 2010

A veces...



Maria Julia Landa Primera Bailarina de
Ballet Concierto de Puerto Rico
 
La nota comienza “A veces…”, y es una semblanza impresa sobre una conocida bailarina con la que tuve el privilegio de trabajar alguna vez. Se narra su trayectoria artística y familiar, pero es su salud -y lo que su particular situación representa– lo que constituye una invitación a mirarnos en ese espejo. María Julia Landa sabe bien cómo se trabajan los milagros. Antes ya lo había hecho en su carrera como bailarina y ahora lo hace en su lucha contra el cáncer. Y es en las luchas donde aprendemos lo que realmente es importante. Como bien dice ella:





“Mira, lo mejor es vivir un día a la vez, pero siempre como si fuera el último porque en realidad nunca sabemos si en realidad es así. Se trata del hoy, que es lo único que tenemos. Y como es así, hoy es el día de abrazar, de amar, de demostrarlo, de decirlo, porque tal vez no haya un mañana para hacerlo”.



    “A veces…” se nos olvida. Y con el olvido, se va todo lo demás.



domingo, 19 de septiembre de 2010

Otro Punto de Vista

Hay otro punto de vista en el tráfico cotidiano. Desde la bicicleta. En estos días de verano, a pesar del calor montaraz, hay días que parecen un obsequio. El cielo se despeja como un rostro al desfruncir el ceño. Montarse en la bici y pedalear con un destino particular, pero sin rumbo, da el chance de observar lo mejor de nuestro entorno urbano con una refrescante briza en la faz. Se pedalea por ratos, y por otros, la bicicleta toma viaje con suficiente impulso. Si hay cuestas en el camino, la mecánica de la bici las hace mucho más llevaderas. Y luego el descenso es mejor que cosechar un fruto.

Rio Piedras, Santurce y el Condado. Luego la Isleta de San Juan. Sus parques; la orilla del mar y el azote adobado del salitre nos dan a probar el viento. Esguince a los coches por la avenida. Y un plano cinematográfico de gran objetivo nos muestra las murallas de San Cristóbal en un ardid histórico. Se sube uno a la Norzagaray, la calle que mejor mira al Norte, y que, como un cinturón, se convierte en frontera con La Perla. Así se anda de muralla en muralla. Como un picaflor. Entra uno al otro mundo, a otra época y te das cuenta que te alistas en el desbocado patio de El Morro. Das la vuelta y sin querer desciendes a La Rogativa. Y, allí, te detienes. Y ves porqué alguna vez la Isla fue San Juan, y San Juan fue Puerto Rico.

viernes, 17 de septiembre de 2010

En momentos de inventario




Do you know where you're going to?
Do you like the things that life is showing you
\Where are you going to?
Do you know...?

Do you get
What you're hoping for
When you look behind you
There's no open doors

What are you hoping for?
Do you know...?

Once we were standing still in time
Chasing the fantasies

That filled our minds
You knew how I loved you
But my spirit was free
Laughin' at the questions
That you once asked of me

Do you know where you're going to?
Do you like the things that life is showing you
Where are you going to?
Do you know...?

Now looking back at all we've planned
We let so many dreams
Just slip through our hands
Why must we wait so long

Before we'll see
How sad the answers
To those questions can be

Do you know where you're going to?
Do you like the things that life is showing you
Where are you going to?
Do you know...?

Do you get
What you're hoping for
When you look behind you
There's no open doors
What are you hoping for?
Do you know...?

jueves, 12 de agosto de 2010

Microcuento... Ojos en el Espejo.

Cinco de la mañana. Suena el despertador. Apretó los puños asiéndose a la sábana en una contracción involuntaria.  Los ojos entreabiertos confirmaron la oscuridad que ya cedía su espacio a una lánguida y brumosa luminiscencia. Su primer pensamiento yace a su lado. El día se va entrometiendo con todo y alba por las ventanas. Como hábito glorioso, el recuerdo de un café le reclama. Sin embargo, ningún vecino ha madrugado tanto. Así que el aroma del café llegará más tarde. Como una visita inoportuna, la necesidad de orinar también se insinúa.

Se voltea de un zarpazo sobre la cama, e inicia la extrapolación de sus extremidades hacia el piso. Las losetas están frías y se sienten agradables en la planta de sus pies, más frías aún. Como si levitara, como si se acostumbrara nuevamente a caminar, un ligero desequilibrio le incita hacia la izquierda; al dar su segundo paso, el mismo desequilibrio le lleva a la derecha. Así sucesivamente y más o menos, como un péndulo que deambula en línea recta. Empujó la puerta del cuarto de baño, y se fue derechito a la poceta. Dio un movimiento lateral al lado opuesto de su corazón. Luego se inclinó hacia el lavamanos. Lentamente, su mirada que está fijada al desagüe del lavado, va en ascenso; sube por la porcelana blanca del aguamanil, recorre los grifos, luego las losetas de color crema adheridas a la pared, hasta encontrar el espejo. Un pánico a lo inusual lo golpea.Volteó de súbito y observó hacia la cama. Con ganas de llorar regresó la vista al espejo. Al tropezarse con aquellos ojos, se dio cuenta que ese día jamás despertaría.

domingo, 8 de agosto de 2010

Ay Dolores.

Dolores "Lolita" Lebrón
El pintalabios irradiaba desde su boca como una advertencia de tránsito. Pero ninguna advertencia suponía un obstáculo a la determinación que marcaban los tacones en su caminar resuelto. Por eso, Dolores, iba con boleto de ida y tres amuletos: una pistola de truenos para hacerse oír, la bandera de su patria que la rescataría del olvido y un escapulario para salvarse del infierno.

Abordó un tren con destino a la metrópoli. El ruido de la máquina sobre los rieles no alcanzaba silenciar el eco de un treinta de octubre. Era un primerísimo de marzo de 1954, y los árboles de cerezo en la Cuenca Tidal sospechaban una primavera distinta: La Reina de las Flores de Mayo llegaba a la capital el mismo día que, en Rogenlab*, los habitantes presenciaban dos amaneceres.
Prueba de la Bomba de Hidrógeno
Una vez frente al imponente edificio del congreso, Dolores aceleró su paso. Antes de entrar al hemiciclo, un vigilante le cruzó par de palabras en sajón, sin sospechar que hablaba con la Historia. Ya acomodada en el umbral de su Gólgota, Dolores sustrajo la bandera de la patria, hizo disparos al techo y gritó “Viva Puerto Rico libre.”

Rita Moreno
A los truenos de su pistola, le siguió una consigna que el mundo escuchó. No sé si su escapulario la rescató del infierno. Sí descubrí sin embargo, que ese mismo día, en la cubierta de la revista Life, Rita Moreno observaba coquetamente de reojo. Pero de esa mirada, muy poca gente se acuerda.


 
(*)El 1 de marzo de 1954 estará siempre en la memoria del pueblo de Rongelap como el “día del doble amanecer”, el día en que las cenizas cayeron del cielo. Está, fue la fecha en que los Estados Unidos de América hicieron explotar en Bikini una bomba de hidrógeno de quince megatones a la que bautizaron como Bravo. Desde aquel fatídico momento, la vida de los habitantes de Rongelap no volvería a ser igual.

jueves, 5 de agosto de 2010

Esperanza...

"Tenemos que hablar a la sociedad de esperanza, de algo brillante, limpio, de futuro, algo que aporte valentía y fuerza. Y eso es lo que voy a hacer. La primera palabra española que aprendí fue esperanza. Es bonita y dulce."
Kenzaburo Oé (Ose, Japón, 1935) Premio Novel 1994.

martes, 3 de agosto de 2010

A veces me olvido.

A veces olvido lo afortunao que he sido; las cosas buenas que me ha tocado vivir, y de las innombrables, que de algún modo construyeron lo bueno y lo malo de mi carácter. A veces olvido que, a pesar de que hay de todo en esta vida, la misma es tan corta que es inútil pretender tener todo lo que se anhela . Y cuando miro lo vivido no puedo más que dar gracias por haber recibido más de lo merecido. Por eso, comparto este poema de Juan Crisóstomo Ruiz, a quien seguramente no le gustaba su nombre como para verlo impreso en un papel. Quizá por eso firmó sus poemas como Amado Nervo

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;

porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

que si extraje la miel o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas noches de mis penas;
mas no me prometiste tú sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas...

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

sábado, 31 de julio de 2010

Cafe II

He tomado café en momentos más felices. Lo he tomado solo y alegre. Enamorado. Solo y paranoico. Embelesado. Acompañado que, si no es absolutamente necesario, es el mejor modo de saborearlo.


Tomé café en todo lugar visitado por mis ojos. En Egipto, fue horroroso. En Rusia y los nórdicos, prácticamente un lujo. En Sur América, aromático y sabroso. En España y Francia, epicúreamente perfecto. En Estados Unidos… Ah, tomar café en Estados Unidos de América. No creo que exista mayor insulto al café, que el modo en el que lo toman los norteamericanos. Pueden intentar engañarme con los Starbucks en sus cincuenta estados. ¿Quién no ha mordido ese anzuelo? Pero luego te percatas de la gran mentira, muy comercial, que incide en los ritos y cultos que merece el dios café. Sí, rindo culto al café; me confieso pagano… y qué?

Ahora bien, hay solo un café irrepetible. El más exquisito de todos; lo extraño. El que merece un rezo. Daría cualquier cosa por beberlo de nuevo. Daría cualquier cosa por encontrarlo.

martes, 27 de julio de 2010

Si usted puede leer esto, puede que esté soñando. Si usted puede leer esto, puede que esté despierto. Si usted está soñando, puede leer esto. Si usted está despierto, puede haber soñado que leyó esto. Si usted leyó esto, puede que haya estado despierto. Despierto, en un sueño, usted pudo leer esto. Soñando, despierta, y lee esto. Lee esto en un sueño. Despierta de un sueño y lee esto. Esto lo lee mientras sueña. Despierto, sueña con leer esto…

Inception… véanla… puede que no sea un sueño