jueves, 20 de marzo de 2008

¿Por qué?

Hay una página con referencias que llevan a comprender los porqués más amargos. Yo que me empeño en buscar consuelo en las palabras, solo hallo el mismo desengaño. Aun así, oculto mi tristeza con dichos felices y acciones burlescas. Procuro un poco de alivio y resto brusquedad al delirio que más me agobia de un tiempo a esta parte. Busco enterrar la felicidad frugal, pasajera y espuria. La de los pactos inconclusos y el lisonjeo a medias. Apaciento las ovejas de mi rabia con el análisis frío de la razón y el cálculo. Pero confieso que al final, siempre me equivoco en ese ajuste de cuentas. Entonces releo versos como si fueran las fórmulas que desentrañan la solución al problema.
Y resurge mi pregunta más agria:

Borges escribió:
Entre mi amor y yo han de levantarse trescientas noches como trescientas paredes y el mar será una magia entre nosotros. No habrá sino recuerdos. Oh tardes merecidas por la pena, noches esperanzadas de mirarte, campos de mi camino, firmamento que estoy viendo y perdiendo... Definitiva como un mármol entristecerá tu ausencia otras tardes.

Cortázar preguntó:


Dime por qué todavía te deseo, por qué tu nombre vuelve como el hacha a la herida en una amarga visitación de la medianoche, a la vera de un campo funerario donde larvas se multiplican húmedas babas, recuento interminable de torpezas, dime desde esa nada donde ahora te atrincheras, dime por qué me basta componer un mecanismo elemental de sílabas, discar en el cogollo de la niebla las cifras de tu nombre para que solitariamenteme agobie la esperanza de una menuda migración de dedos por mi pelo, de una fragancia donde habita el musgo. De un silencio más fogoso que todas las vigilias.

Octavio Paz suplicó:
Arde, furor oculto, ceniza que enloquece, arde invisible, arde como el mar impotente engendra nubes, olas como el rencor y espumas pétreas. Entre mis huesos delirantes, arde; arde dentro del aire hueco, horno invisible y puro; arde como arde el tiempo, como camina el tiempo entre la muerte, con sus mismas pisadas y su aliento; arde como la soledad que te devora, arde en ti mismo, ardor sin llama, soledad sin imagen, sed sin labios. Para acabar con todo, oh mundo seco, para acabar con todo.

domingo, 16 de marzo de 2008

Fuegos Artificiales

Tres tímidos golpes a la puerta anunciaron la visita. Presentí que quien llega a tu hogar un domingo por la noche, sin invitación previa, trae malas noticias. Al voltear la perilla, habían dos señoras mirándome con aire de sorpresa. La seriedad de sus rostros confirmó mi corazonada.
-Aquí vive la doctora?- preguntaron mientras sus miradas ponían en duda mi propia existencia.
Asentí y fui en busca de mi madre de 72 años, a quien nunca había visto trabajar tanto como ahora, cuando disfruta de su jubilación.
-Se nos fue; creo que se nos fue- dijo una de las damas. Fiel a su juramento de Hipócrates mi madre buscó su estetoscopio con el fin de confirmar el deceso.
La doctora ya me había anticipado que “la parca” rondaba por la comunidad y que seguramente se presentaría de un momento a otro con su afilada guadaña a reclamar lo suyo. En efecto lo hizo.
El fallecido era alguien que alguna vez conocí por razón de vecindad, años atrás. Cuando hablamos por primera vez tuve la sensación de que el finado aguardaba por esta visita desde hacía tiempo. Sin temor y satisfecho con lo vivido.
Recordé como se sonreía cuando me veía; su sonrisa constituía una invitación irresistible a platicar. Inventarié las conversaciones que sostuve con el ahora difunto. Supe que fue un hombre que tomó riesgos y vivió con intensidad. Me narró sus peripecias en un pasado a décadas de distancia. Fotógrafo de la armada; vendedor de joyas y de cuanto le permitiera acumular riqueza. Bebedor consuetudinario y valiente. Fumador empedernido y decidido. Bohemio feroz. Me habló de sus amores perdidos y de la compañera que le domesticó su lado salvaje. Nadie hubiera pensado todo lo que vivió el hombre que pasó varios días en coma, antes de la partida definitiva. Gustaba de recordar su pasado. Sentía nostalgia por lo vivido y resignación ante lo inevitable. Se fue, eso es todo. Estoy seguro que su fallecimiento no fue a causa de correr ningún riesgo ni por haberse gozado la vida. Se fue porque llegó al final de su periplo.
La corroboración de su fallecimiento me llevó a pensar sobre la fragilidad de nuestra existencia. De lo minúsculo que somos en el universo, y de lo poco que se afecta el mundo con nuestra partida. De la indiferencia del cosmos. Pero también pensé en el imaginado equilibrio que se logra cuando comprendemos que somos importantes para alguien y cuando alguien lo es para nosotros. Esa sensación de propósito que al final de cuentas, nos creemos y nos motiva seguir viviendo.
Pensé en ese viaje que es la vida particular de cada uno; los recuerdos que acumulamos; las huellas que quedan. Pensé en las acciones paralelas que conforman esa misma existencia; las que dejan unos e inician otros. De las que nunca nos damos cuenta; las que no convergen ni se cruzan; las que añoramos por saber que existen, pero por alguna maldita razón nos son vedadas; y las que en algún momento se unieron y luego siguieron rutas y destinos distintos, porque no había remedio o no tuvimos el coraje de remediar.
Miré por el balcón del apartamento; me dieron ganas de fumar pero recordé que llevo una cruzada contra el cigarrillo que a veces pierdo. Desde la altura, contemplé la llanura de luces; la ciudad palpitante, ruidosa y viva. Reluciente. Sentí la presencia de miles de almas que continúan con sus vidas. Ajenos a la partida de unos, ensimismados en su propia existencia. Nada de malo en ello. Es nuestra naturaleza. De pronto comenzaron unos fuegos artificiales de mil colores y luces. Rasguños pigmentados en el semblante de la noche. Formas felices en el cielo; destellos sobre ese fondo violeta del infinito con lunares brillantes y dispersos. Celebré la vida del conocido que partió. Le dispensé el respeto con algún silencio. Quise pensar que los fuegos artificiales eran una despedida digna para un buen hombre. Y me dí cuenta que la vida y la muerte ocurren siempre ahora mismo.

martes, 26 de febrero de 2008

Amnesia

El cierzo sutil que llegó entre diciembre y enero se metió entre mis huesos. Entonces las noches fueron más que frescas, frías; más que frías, solitarias; más que solitarias, tristes.
Aquel aquilón, sorpresivo y que aun no comprendo, me llevó a buscar explicaciones que nunca encontré. Sin embargo, hallé una canción de esas que arañan sentimientos. Llevaba días intentando recordar el nombre y la letra y al fin di con su letra y su nombre: Amnesia.
La canción la interpreta José José, a quien por coincidencia llaman “el triste”. Reproduzco la letra e incluyo un lugar para quien la quiera escuchar.

Usted me cuenta que nosotros dos
fuimos amantes
y que llegamos juntos a vivir
algo importante
****
Me temo que lo suyo es un error
yo estoy desde hace tiempo sin amor
y el último que tuve fue un borrón
en mi cuaderno
****
Usted me cuenta que hasta le rogué
que no se fuera
y que su adios dejó a mi corazón
sin primavera
****
Que anduve por ahí de bar en bar
llorando
sin podérmela olvidar
gastándome la piel en recordar
su juramento
****
Perdón, no la quisiera lastimar
tal vez, lo que me cuenta sea verdad
lamento contrariarla pero yo
No la recuerdo...
****
Que anduve por ahí de bar en barl
lorando sin podérmela olvidar
gastándome la piel en recordar
su juramento
****
Perdón, no la quisiera lastimar
tal vez, lo que me cuenta sea verdad
lamento contrariarla pero yo
No la recuerdo...

Esa visita inoportuna

Un día toca a las puertas de tu sueño, como una visita inoportuna y no queda otro remedio sino abrírselas de par en par.
Después de las doce. Antes de las seis. A esa hora llega. Se enclava en medio de tu mente. Como el imprudente que permanece en el centro de la sala, a pesar de suplicarle que se marche.
Tienta la conciencia e inicia el desgrane de ideas. Te conversa e interroga.
Con una magia cósmica retrasa las manecillas del reloj. Es su mejor tortura. La que con mayor encono inflige. Buscas los remedios, las curas, los conjuros y nada lo espanta. Los párpados quedan perplejos. La boca se te seca. Y a ratos miras fijamente en una oscuridad donde poco alcanzas ver. El inventario de sonidos es corto. Tu respiración, alguno que otro coche, tus parpados, las vísceras hambrientas y a veces los latidos del corazón. Vuelves tu cuerpo hacia un flanco. Vuelves tu cuerpo hacia el otro. El ombligo recorre cuatro puntos cardinales y todas las latitudes de la cama. Estás solo. Solo con Insomnio. Solo los dos. Solo uno.

lunes, 25 de febrero de 2008

Esos Amores

Maldeamores trata sobre ese “demonio” que nos tienta, nos estremece y nos hace actuar incoherentemente. Y como al fin y al cabo en este planeta la gran mayoría nos “endemoniamos”, es claro entonces que la película boricua tenga esa correspondencia de carácter universal, que distingue al cine que lleva pantalones largos.

Las locuras que hacen los enamorados no conocen latitudes. Es comprensible entonces entender porqué la cinta, que orgullosamente podemos llamar puertorriqueña, fue recibida con beneplácito por públicos de varios festivales internacionales, aun aquellos donde el castellano no es el primer idioma Otro atino de la película es que presenta la identidad boricua sin necesidad de blanquear su idiosincrasia. Ya era hora de presentarnos al mundo como somos. Solo así podemos reflexionar y llegar a lo que queramos ser.

Hay drama y comedia en Maldeamores. El drama proviene de ese sentimiento visceral que denominamos amor; y la comedia, de la atolondrada conducta que nos provoca. Así de elemental y universal es la propuesta. En Maldeamores una serie de personajes protagonizan cuatro historias de afección. Y las locuras que acarrea el estar enamorado sea del modo que sea independientemente de la edad. Desde un maniaco depresivo que se enamora a lo adivino de una chofer de autobús hasta una pareja que aparenta amarse a fuerza de incomprensión. Entre los dos extremos hay dos historias adicionales: de los preadolescentes que coquetean con las cosquillas del enamoramiento en una ingenua y dulce experimentación y la de un amor furtivo que todo lo deshace.

La película tiene mucho prestado de otros filmes exitosos en una exquisita síntesis de estilo propio. Carlos Ruiz Ruiz dirige la película. Su hermano Luis la produce y la esposa y cuñada respectivamente, M. Pérez, codirige y edita. El ojo fílmico es de PJ López. El productor ejecutivo es Benicio del Toro. En esta película el amor por el proyecto se siente a leguas. Es refrescante, sabrosa y muy puertorriqueña. Patrocínela, no se arrepentirá.

jueves, 21 de febrero de 2008

Cita citable

"Cualquier hombre puede llegar a ser feliz con una mujer, con tal de que no la ame"
Oscar Wilde 1854-1900

Más disparatado que nunca.

Delirio viene azotándome como un verdadero sádico. Hace horas, días, semanas que no deja en paz mi existencia. A pesar de todo, le he tomado cariño a Delirio porque siempre me lleva al mismo lugar: el que más extraño.

lunes, 18 de febrero de 2008

Un dia como hoy

Hay un sendero que me llama. Es imposible y por eso me atrae. Es la senda que Machado advierte no volver a pisar. Mas yo deseo esta senda. No temo volverme sal.

Solo por hoy...

Hoy que siento la bohemia encima, (aunque es de mañana), quisiera echar mi brazo sobre tus hombros y permitirme en ti la mirada. Deseo ver tu sonrisa para alejar mis nubarrones. Quisiera envolverme en versos; deletrear cada palabra y mejor aun si esas palabras coinciden con tu nombre. Quisiera darte mi media locura y aquella otra mitad que de algún modo existe, mi cordura.

A pesar de lo que quiero, un muro interviene y me doy cuenta que llega al cielo. Es el obstáculo a mi pretensión. Qué importa la inspiración si no alcanzaré tus hombros; mi brazo se estrellará contra el muro. Su pared es abrasiva. Deja heridas con solo aproximarme e impide siquiera mirarte. No veré tu sonrisa, y tendré que recordar una maldita palabra de fonema oscuro y cruel: conformidad.

Amistad lleva por nombre el muro. Fue un bautizo de fuego para convertirme en cenizas. Buen nombre para encorvar al amor. Buen nombre para domesticar la pasión, la lujuria y la endemoniada querencia que aun no comprendo porqué me tienta tanto, en un día como hoy.

Kite Runner y El Orfanato.




Kite Runner y El Orfanato. Tengo una amiga que jamás podrá ver estas películas. No porque sean malas. De hecho son muy buenas. Mi amiga, madre de un pequeño a quien llamé alguna vez mi amigo más joven, se resistiría a presenciar cualquier film que suponga el abuso de un menor. Y algo de eso existe en ambas cintas.

Kite Runner se desarrolla primero en Afganistán para luego terminar en América. Confieso que alguna vez tuve el libro escrito por el médico afgano Khaled Hosseini, mas no tuve la perseverancia de leerlo completo. Quienes si la tuvieron describen la película como una fiel adaptación de la novela, aunque siempre hay uno que otro quejoso. A juzgar por lo visto en la pantalla, y las reacciones del público en la sala, Marc Foster, director del film, logró una buena pieza de la que solo he escuchado halagos. Súmese ahora el mío.

La obra, narra la vida de un inmigrante afgano y la relación con su mejor amigo de la infancia. Afganistán antes de la ocupación rusa, durante la ocupación rusa y luego, bajo el régimen islamita talibán, es el escenario. Uno de los chicos emigra con su padre a Estados Unidos, el otro permanece en el atribulado país. Sin embargo, estas épocas y geografías solo sirven para darnos la idea de tiempo y espacio sin necesariamente llevar al film a las fronteras de un panfleto.
Kite Runner es una historia de valores universales, pecados y redención. Amir (Zekeria Ebrahmi) y Hassan (Ahmad Khan Mahmidzada) comparten un mismo techo en una sociedad de castas. Son amigos inseparables pero de personalidades distintas. Hassan es un niño noble, astuto y valiente; Amir es sano, inteligente y pusilánime. Y en esa simbiosis propia que ocurre entre amigos durante la niñez, sucede un desafortunado incidente en el que cada uno de los niños ratificará su personalidad. Hassan, fiel y leal a la amistad, soporta su destino con valor, mientras que Amir, acobardado por lo ocurrido, y luego perseguido por el remordimiento, reniega de su amigo. Luego, la inmigración forzada separaría a los chicos aún más. El destino de cada uno sería muy distinto. Un buen día, ya de adulto, Amir (Khalid Abadía) tendrá que confrontar aquel pasado nuevamente y la oportunidad de actuar como lo haría un verdadero amigo. El dilema es si se atreverá.
Las actuaciones son de primer orden. Los diálogos son en dari una de las dos lenguas de los afganos (el otro idioma es pashtu). En ocasiones hay conversaciones en inglés. La ambientación es convincente. La fotografía pragmática; el guión excelente, la dirección es de calidad. Es en definitiva una buena pieza de cine con capacidad de quedarse en la memoria por mucho tiempo.

Por otro lado, El Orfanato, pertenece al género del terror. Dentro de este género que tanto depende de los efectos especiales la cinta sobresale por el uso de los elementos clásicos. En El Orfanato, el guión, las actuaciones, el sonido, la dirección de arte, el encuadre y movimientos de cámara y la edición nos recuerdan que el buen cine es principalmente un medio y un modo de contar una historia. En esto la cinta se distingue formidablemente.
El film es la opera prima de Juan Antonio Bayona y una producción de Guillermo del Toro, quien ya nos sorprendió con El laberinto de fauno.
Laura es una mujer que se crió en un orfanato. Años después casada y con un hijo adoptado, regresa a la antigua casona en que creció con la intención de establecer un centro de cuido de niños minusválidos. Su hijo Simón comienza a inquietarla con misteriosos juegos que suponen una presencia metafísica. Tomás, el ilusorio de Simón, no es meramente producto de su imaginación. Arrojada por la sospecha, Laura se inmiscuye en los juegos de su hijo. Cual no será su sorpresa cuando conozca los enigmas que encierra la casona, el viejo orfanato y su propia memoria. La cinta hace referencias a ese clásico de la literatura Peter Pan. La evocación no es sino la brecha que nos conduce entre tenebrosas sensaciones a los misterios de un destino más allá de la ultratumba. Descubra la cinta, le aseguro que le mantendrá al borde del asiento.

lunes, 21 de enero de 2008

The Debaters

“The Great Debaters” es una historia de perseverancia y heroísmo. De resistencia y denuncia; de sacrificios, prejuicios y razón.

Estados Unidos. Corre el año 1935. El presidente Roosevelt, conduce la segunda fase de lo que llamó el “Nuevo Trato”. Es el año en que se establece el Seguro Social y el movimiento obrero tiene una efervescencia visceral bajo el Wagner Act. Sin embargo, las uniones discriminan y excluyen a la población negra. Y el Nuevo Trato no aplica a los empleos agrícolas ni al trabajo doméstico, lo que implica una exclusión adicional. Los negros desean sus derechos como ciudadanos, sobre todo, el derecho de llevar el pan a la mesa. Es una era donde la población afro-americana tiene un ochenta por ciento de desempleo, mientras que la población blanca un diecisiete. Buscan una integración real y un mejoramiento en las condiciones sociales y económicas. El germen de la lucha por los derechos civiles principia.

Esta es la época de The Great Debaters. Su arena, sin embargo es la academia. La historia cuenta los logros de cuatro estudiantes de Wiley College, colegio universitario cuya matrícula es principalmente de afro-americanos. Allí, el profesor Melvin Tolson organiza un equipo oradores para debatir ante otras entidades académicas. Para ello recluta cuatro estudiantes brillantes. Tres varones y una mujer.

La ambientación de la película es excelente. Modas, autos, geografía y música. Todas a la par con la época. En cuanto a las actuaciones, Denzel Washington caracteriza a Tolson. Como siempre completa bien su oficio. Forrest Whitaker como siempre se luce sobresalientemente. Y el joven Denzel Whitaker, que interpreta a James Farmer Jr., realiza su tarea con un esmero convincente y profesional. Realmente todas las actuaciones dejan una buena impronta. En conjunto producción y actuaciones producen un buen resultado. Una historia creíble que se deja disfrutar.

El profesor Tolson quien eventualmente fue reconocido como un insigne poeta, sirve de inspiración a sus estudiantes. Los oradores se abren paso desde el pequeño colegio para enfrentar los equipos de oratoria más prestigiosos de la nación. Pero su camino esta pavimentado de racismo, prejuicio y conflictos. Algo que no debe pasarse por alto es el tratamiento dado al uso de la razón, sobre la violencia. El contraste entre las acciones guiadas por el prejuicio y las soluciones alcanzadas por la razón le añaden intensidad y ansiedad a la película. Es un entrelínea contundente y ejemplarizante.

Luego de sonadas conquistas en el Sur de los Estados Unidos, la universidad de Harvard los invita a un debate de oratoria. El duelo expondrá una discusión muy interesante sobre el uso de la desobediencia civil como método de lucha. ¿Quien prevalecerá en dicho debate? No se la pierda, es buen cine.

sábado, 19 de enero de 2008

Un hombre silencioso

El 25 de diciembre de 1936 Jorge Luis Borges escribió sobre el silencio literario (y literal) de un escritor argentino. Efeméride al sigilo de un autor cuya última obra era un volumen de poemas –sonetos- titulado La Urna. El libro fue publicado en 1911, por lo que Borges glosaba una ausencia de veinticinco años. El autor de aquellos poemas, a pesar de estar en “posesión de maestría ilimitada”, prefirió callar su pluma. Aun después de cinco lustros la obra conservaba una contemporaneidad clásica. “Un libro nuevo” lo llamó Borges aunque ya llevaba veinticinco años publicado en el 1936.

De pronto me doy cuenta que vivo en el 2008. Han transcurrido setenta y dos años desde que Borges apostilló su comentario y noventa y siete años desde que La Urna abandonó la imprenta. El artículo de Borges me parece actual y vibrante a pesar de haberse escrito, más o menos, cuando nació mi madre. Ese estilo depurado y erudito. Bueno, es Borges.

Confrontar al autor que enmudeció hace noventa y siete años es entonces mi próximo paso. Se llama Enrique Banchs y escribió toda su obra entre el 1907 y el 1911. Su último libro lo escribió a los veintitrés años. Banchs nació en el 1888. Alguna cábala debe haber rodeado a los que nacieron en ese año. Falleció en 1968.

Inicio la búsqueda que me conduzca a su obra. Y encuentro, felizmente, muchos de los versos incluidos en La Urna. Los consumo con un apetito curioso. Veo sus formas, su texto, y su verbo. Un genio de 23 años, cuya obra tiene noventa y siete y el eco de su poesía llega por accidente vía una crítica literaria que tiene setenta y un años. Interesante albur. Quedo convencido que los poemas de Banchs son imperecederos. Acá divulgo unos cuantos.

I
Entra la aurora en el jardín; despierta
los cálices rosados; pasa el viento
y aviva en el hogar la llama muerta,
cae una estrella y raya el firmamento;
---
canta el grillo en el quicio de una puerta
y el que pasa detiénese un momento,
suena un clamor en la mansión desierta
y le responde el eco soñoliento;
---
y si en el césped ha dormido un hombre
la huella de su cuerpo se adivina,
hasta un mármol que tenga escrito un nombre
---
llama al Recuerdo que sobre él se inclina...
Sólo mi amor estéril y escondido
vive sin hacer señas ni hacer ruido

-----
II
Hospitalario y fiel en su reflejo
donde a ser apariencia se acostumbra
el material vivir, está el espejo
como un claro de luna en la penumbra.
---
Pompa le da en las noches la flotante
claridad de la lámpara, y tristeza
la rosa que en el vaso agonizante
también en él inclina la cabeza.
---
Si hace doble al dolor, también repite
las cosas que me son jardín del alma.
Y acaso espera que algún día habite
---
en la ilusión de su azulada calma
el Huésped que le deje reflejadas
frentes juntas y manos enlazadas.

lunes, 14 de enero de 2008

Yerba Bruja...y su hechizo

Un minúsculo espacio es todo lo que necesita un grupo de artistas para ofrecer una creativa exposición titulada “Sobre la Mesa”. Esa es la propuesta del Taller Yerba Bruja, una factoría de alucinaciones en el casco de Río Piedras.

Confieso que mi visita fue la primera y decididamente no la última. Adoro el arrojo creativo y Taller Yerba Bruja es un fiel testimonio de ello. Sobre la Mesa es una simpática oferta de carácter iconoclasta. Un circuito de mesas, enajenadas la una de la otra por telones que definen un pequeño espacio, y en el que grupos de personas de seis en seis, disfrutan de breves obras interpretadas con títeres.

Las obras parecen sencillas pero su contenido y entrelínea provocan la reflexión, a pesar que de primera intención son divertidas. Ciertamente son pasillos hacia algo más profundo.

Una de las presentaciones, tiene una familia diminuta sentada a la mesa, mientras una casetera reproduce la conversación estereotipada y cierta, que se repite generación tras generación entre algunas de nuestras familias. Regaños, recriminaciones y chantajes -obviamente bajo el terrible manto del amor familiar- a la hora de la comida. Sencillamente genial.

En otra estación se presenta una gran historia de amor. Un par de zapatos que se conocieron durante un baile. En seis minutos y ante nosotros discurre la vida de la pareja hasta un desenlace de película. Quien pudiera pensar que de un calzado surjan dos caracteres de distinto genero y enamorados entre sí. Único.

Como si fuera poco, dos herramientas de cocina constituyen una familia de metiches. Sus conversaciones las hemos escuchado antes. Su olfato y afición al chisme surge natural y es muy comprensible, desde el punto de vista de entender por supuesto, su existencia.

Todo esto ocurre Sobre la Mesa. Parte del entretenimiento es moverse entre un laberinto con paredes de tela, dirigiéndose de estación en estación para disfrutar cada una de las breves obras. En fin, un milagro creativo propio del hechizo de una bruja. De Yerba Bruja, por supuesto

sábado, 12 de enero de 2008

El Regreso del Angel
Falleció el poeta Angel González. Se ha ido a derramar su inspirada tinta a otros lugares. Ojalá, en eso que llaman la otra vida, nunca pierda esa inspiración tan certera. Asturiano y profesor de literatura, es uno de los poetas de la generación del 50. Recibió el premio Príncipe de Asturias en 1985. Fue en ese año la primera vez que leí uno de sus escritos.

Por lo pronto, de las letras que acá convirtió en poemas, extraigo una pequeña pero suculenta muestra.

Siempre lo que quieras
Cuando tengas dinero regálame un anillo,
cuando no tengas nada dame una esquina de tu boca,
cuando no sepas qué hacer vente conmigo,
pero luego no digas que no sabes lo que haces.
------
Haces haces de leña en las mañanas
y se te vuelven flores en los brazos.
Yo te sostengo asida por los pétalos,
como te muevas te arrancaré el aroma.
--------
Pero ya te lo dije:
cuando quieras marcharte ésta es la puerta:
se llama Ángel y conduce al llanto.

A mano Amada

A mano amada,
cuando la noche impone su costumbre de insomnio
y convierte
cada minuto en el aniversario
de todos los sucesos de una vida;
------
allí,
en la esquina más negra del desamparo, donde
el nunca y el ayer trazan su cruz de sombras,
-----
los recuerdos me asaltan.
-----
Unos empuñan tu mirada verde, otros
apoyan en mi espalda
el alma blanca de un lejano sueño,
y con voz inaudible,
con implacables labios silenciosos,
¡el olvido o la vida!, me reclaman.
-----
Reconozco los rostros. No hurto el cuerpo.
Cierro los ojos para very siento
que me apuñalan fría,
justamente,
con ese hierro viejo:
la memoria.

Me He Quedado Sin Pulso
he quedado sin pulso y sin aliento
separado de ti. Cuando respiro,
el aire se me vuelve en un suspiro
y en polvo el corazón de desaliento.
------------
No es que sienta tu ausencia el sentimiento.
Es que la siente el cuerpo. No te miro.
No te puedo tocar por más que estiro
los brazos como un ciego contra el viento.
-------------
Todo estaba detrás de tu figura.
Ausente tú, detrás todo de nada,
borroso yermo en el que desespero.
----------------
Ya no tiene paisaje mi amargura.
Prendida de tu ausencia mi mirada,
contra todo me doy, ciego me hiero.

jueves, 10 de enero de 2008

el insomnio

Hace aproximadamente 25 años leí un corto poema de Jorge Luís Borges. En aquella época conciliaba mi sueño sin problemas. Varios lustros más tarde vino a mi memoria aquellos módicos versos. Hoy, que desde hace unos días a penas duermo, quiero evocarlo. El buen sueño, de repente, se ha hecho algo bueno de antaño.

¿Qué es el insomnio?
La pregunta es retórica; sé demasiado bien la respuesta.
Es temer y contar en la alta noche las duras campanadas fatales,
es ensayar con magia inútil una respiración regular,
es la carga de un cuerpo que bruscamente cambia de lado,
es apretar los párpados,
es un estado parecido a la fiebre y que ciertamente no es la vigilia,
es pronunciar fragmentos de párrafos leídos hace ya muchos años,
es saberse culpable de velar cuando los otros duermen,
es querer hundirse en el sueño y no poder hundirse en el sueño,
es el horror de ser y de seguir siendo,
es el alba dudosa.

miércoles, 9 de enero de 2008

Tiene ya 87 años y aunque sin parentesco, me duele saber que esté en una unidad de cuidado intensivo: Mario Benedetti. A decir verdad su obra es como un mapa hacia lo mejor. Un faro que lleva a la inspiración, y como las frases absolutas son una mascara demasiado transparente aquí reproduzco uno de sus poemas que muy bien sirve de despedida:

Chau.
Te dejo con tu vida
tu trabajo tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres.
----
Sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro.
------------
Te dejo frente al mar
descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota.
------------------
Te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía.
------
Pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono.
----------------
Estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos.
--------------------
Estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra.
--------------
Estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen.
------
Y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.

lunes, 31 de diciembre de 2007

Noche de Ronda

La noche se abrió solícita para consolar mi desvelo. La piadosa invitación a la ronda me llevó a un lugar donde almas irredentas se consuelan a puro bolero. En otra época hubiera sido aquel sitio uno con niebla de cigarrillo. Sin embargo, algún prejuicio convertido en ley prohibió fumar y eliminó la bruma, circunstancia irreemplazable en el espíritu cabaretero.

En el sitio, un piano y una voz tallaban añoranzas. Poemas musicalizados con la fuerza del despecho.

Escuché cada bolero ensimismado. Cada pieza un corazón, cada canción una rabia, cada número un desconsuelo en la voz almibarada de la intérprete. Entre boleros quedé adosado al sentimiento de aquel interrogatorio voraz, compuesto por Myrta Silva, que recrimina punzante ¿Qué sabes tú lo que es pasar la noche en vela? ¿Qué sabes tú lo que es querer sin que te quieran?
Mis acompañantes intentaron sacarme del sopor. Pero la terquedad de mi corazón impidió que abandonara mi ejercicio de flagelación. En eso comienza redentóramente "Mi Versión", compuesta por Sylvia Rexach. Amor “es vibración que en el alma comienza y se extiende tanto que ya ni se piensa. No se piensa en el deber, ni se piensa en el honor…”. Antes de que termine la interpretación percibo que mi compañía ha ido en busca de su propia definición. Estamos en comunión.

El bodegón recibe tránsfugas en desvelo. El recinto se va llenando con toda clase de amantes. Les observo con disimulo. Veo la palidez de la soledad en cada semblante. Respiran concupiscencia. En ese preciso momento me percato –y parecería una coincidencia- que cantan el taciturno relato de Pablo Milanés que reza “Todavía no pregunté: te quedaras, temo mucho a la respuesta de un jamás, la prefiero compartida antes de vaciar mi vida, no es perfecta mas se acerca a lo que yo simplemente soñé". Los que se aproximan quedan suspendidos, atrapados en un triste consuelo. Y aunque es variado lo que trae la noche, conozco las miradas. Me fijo en sus rostros y comienzo a leer sus labios. Todos, o al menos los que realmente lo sienten, van coreando la sencilla explicación de Ernesto Duarte "Mas no sé, no sé decirte cómo fue, no sé explicarme qué pasó, pero de ti me enamoré". Preciso que conocen bien la historia.

Una petición invade el repertorio. Alguien propone otro número. “La Puerta”, se le escucha suplicar. Intento recordar cual es la letra. Luís Demetrio la compuso, y seguramente lo hizo luego de uno de esos desengaños, que como un zarpazo de tigre, jamás cicatriza. “La puerta se cerró detrás de ti. Y así detrás de ti se fue mi amor. Creyendo que podría convencer, a tu alma de mi padecer”. El solicitante permanece con los ojos cerrados mientras escucha. Sus labios pronuncian cada sílaba en silencio. Creo entender porqué. Una “Obsesión” seguramente. “Por alto esté el cielo en el mundo por hondo que sea el mal profundo no habrá una barrera en el mundo que este amor profundo no rompa por ti”.
Que me perdone la autora, pero ya no la recuerdo.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Sin rimas ostentosas, aunque con vértigo y nostalgia... por eso gusto de Benedetti. Sobre todo en estos días. Tan diáfano, serio y a veces infantil... Este extracto es para… quien sabe!
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He conservado intacto tu paisaje
pero no sé hasta dónde está intacto sin ti,
sin que tú le prometas horizontes de niebla,
sin que tú le reclames su ventana de arena.
Puedes querer el alba cuando ames.
Debes venir a reclamarte como eras.
Aunque ya no seas tú,
aunque contigo traigas
dolor y otros milagros.
Aunque seas otro rostro
de tu cielo hacia mí.

Que tarde se hizo.

Hay un Silvio para todos. Pero sobre todo hay Silvio para quienes sabemos que la verdad poco remedio tiene... En fin, hay Silvio para los que se sienten como yo. Cada vez me cuesta más ser feliz...

Te molesta mi amor?
Mi amor de juventud
y mi amor es un arte en virtud
Te molesta mi amor?
Mi amor sin antifaz
y mi amor es un arte de paz
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Te molesta mi amor?
Mi amor de humanidad
y mi amor es un arte en su edad
Te molesta mi amor?
Mi amor de surtidor
y mi amor es un arte mayor
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Mi amor es mi prenda encantada
es mi extensa morada
es mi espacio sin fin
mi amor, no precisa frontera
como la primavera
no prefiere jardín
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Mi amor, no es amor de mercado
porque un amor sangrado
no es amor de lucrar
mi amor es todo cuanto tengo
si lo niego o lo vendo
para que respirar...
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Te molesta mi amor?...
Mi amor no es amor de uno solo
sino alma de todo
lo que urge sanar
mi amor es un amor de abajo
que el devenir me trajo
para hacerlo empinar
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Mi amor, el mas enamorado
es el mas olvidado
en su antiguo dolor
mi amor abre pecho a la muerte
y despeña su suerte
por un tiempo mejor
mi amor, este amor aguerrido
es un sol encendido
por quien merece amor...
Escudriñando expresiones que delaten mi sentimiento tuve la suerte de encontrar un poema no ajeno a un debate sobre su autoría. Alguien lo adjudicó a Jorge Luis Borges. Bajo la creencia de que Borges lo escribió se le denominó Dime. Una feliz equivocación, si fuera por mí. Sin embargo, para no dejar duda ni violentar la paternidad, aclaro que el autor del poema es Gustavo A. Castiñeiras, escritor argentino contemporáneo. El nombre correcto de la obra es Poema de un Recuerdo. De todas modos confieso que prefiero llamarlo por su sobrenombre: Dime…

Poema de un Recuerdo (Dime)

Dime por favor donde no estás
en qué lugar puedo no ser tu ausencia]
dónde puedo vivir sin recordarte,
y dónde recordar, sin que me duela.
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Dime por favor en que vacío,
no está tu sombra llenando los centros;
dónde mi soledad es ella misma,
y no el sentir que tú te encuentras lejos.
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Dime por favor por qué camino,
podré yo caminar, sin ser tu huella;
dónde podré correr no por buscarte,
y dónde descansar de mi tristeza.
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Dime por favor cuál es la noche,
que no tiene el color de tu mirada;
cuál es el sol, que tiene luz tan solo,
y no la sensación de que me llamas.
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Dime por favor donde hay un mar,
que no susurre a mis oídos tus palabras.
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Dime por favor en qué rincón,
nadie podrá ver mi tristeza;
dime cuál es el hueco de mi almohada,
que no tiene apoyada tu cabeza.
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Dime por favor cuál es la noche,
en que vendrás, para velar tu sueño;
que no puedo vivir, porque te extraño;
y que no puedo morir, porque te quiero.