jueves, 19 de junio de 2008

Autor: Constantine Cavafy (Poeta Griego, 1863-1933)


Constantine Cavafy Poeta griego nacido en Alejandría, Egipto, en 1863.
A los siete años de edad, a raíz de la muerte de su padre quien había perdido una inmensa fortuna, su madre se trasladó con la familia a Liverpool donde el poeta estudió hasta los dieciséis años, escribió sus primeros poemas, convirtió el inglés en su segunda lengua y se familiarizó con los escritos de Wilde, Shakespeare, Browning y otros escritores de la época.
Es el poeta más importante de Grecia en el siglo XX, y uno de los líricos más influyentes de la poesía moderna. Su poemas son generalmente concisos, y van desde íntimas evocaciones de figuras literarias y de ambientes referentes a la cultura griega, hasta el carácter moral, los placeres sensuales, la homosexualidad y la nostalgia.
Su obra, "Poemas canónicos", sólo fue publicada después de su muerte, ocurrida en Alejandría en 1933 a la edad de setenta años. ©

(ESTA INFORMACION HA SIDO REPRODUCIDA INTEGRAMENTE DE http://amediavoz.com/cavafy.htm#DESEOS y la propiedad intelectual se reconoce a sus autores)

DESEOS

Como hermosos cuerpos que murieron jóvenes
y fueron sepultados, con lágrimas, en rico mausoleo,
coronados de rosas y con jazmines en los pies,
así son los deseos que pasaron sin realización;
sin que ninguno sobreviviera una noche
de sensual deleite o una mañana de plenilunio

ITACA
Ahora que hacia Itaca partes,
espera que tu camino sea largo,
lleno de aventura, lleno de descubrimientos.
Lestrigones, cíclopes, enfadado Poseidón,
no les tengas temor:
tales cosas no habrán en tu camino
mientras mantengas tus pensamientos altos,
y mientras aquella rara sensación
invada tu espíritu y tu cuerpo.
Lestrigones, cíclopes, incontrolable Poseidón,
no los encontrarás en tu camino
a no ser que tú mismo los traigas dentro de ti,
y a no ser que tú mismo los pongas en frente tuyo.

Espera que tu camino sea largo.
Ojalá que hayan muchas mañanas de verano
en las que con cuanto placer, y con cuanta alegría
entres a puertos que nunca antes vistes.
Ojalá que te detengas en postas fenicias
a comprar mercancía fina,
concha de perla y coral, ámbar y ébano,
sensuales perfumes de todo tipo,
tantos de aquellos como tu gustes.
Y ojalá que visites muchas ciudades egipcias
y que aprendas, y que continúes aprendiendo
de aquellos que realmente saben.

A Itaca en tu mente siempre mantén,
que ahí arribar es tu destino.
Pero tu viaje no apresures,
es mejor si éste dura muchos años,
y que seas viejo cuando a aquella isla tú llegues,
enriquecido por lo que aprendiste en el camino,
y sin esperar encontrar riqueza en Itaca.

Itaca te dio este viaje maravilloso.
Sin ella tú nunca hubieras partido,
ella ya no tiene nada más que ofrecerte.
Y si muy pobre la encuentras, Itaca no te habrá engañado.
Porque con la sabiduría que habrás adquirido,
y con toda la experiencia que habrás acumulado,
comprenderás entonces cual es el verdadero
significado de estas Itacas.

lunes, 16 de junio de 2008

Citas

“ En un beso, sabrás todo lo que he callado.” - Pablo Neruda...

Si me dijeran pide un deseo,
preferiría un rabo de nube
que se llevara lo feo
y nos dejara el querube,
un barredor de tristezas,
un aguacero en venganza,
que cuando escampe parezca
nuestra esperanza;

"Silvio Rodriguez en ocasión del bloqueo naval a Cuba, 1981"

viernes, 13 de junio de 2008



Seré en tu vida lo mejor
de la neblina del ayer
cuando me llegues a olvidar
como es mejor el verso aquel
que no podemos recordar.

(Homero y Virgilio Espósito)
"¡Mentira! No tengo ni dudas, ni celos,

ni inquietud, ni angustias, ni penas, ni anhelos,

si brilla en mis ojos la humedad del llanto,

es por el esfuerzo de reírme tanto..."


Juana Fernandez Morales (y de Ibarbourou también)


jueves, 12 de junio de 2008

Proverbio Burundés

Que tus promesas no sean estafas. Y tu palabra sea rubro de fiar. Que tu excusa justifique a todos, y no a ti exclusivamente. Mas tu boca, que primero permanezca en silencio antes de pronunciar lo que tu corazón no siente.

DESFILE CINCUENTA-ONU

Nunca he estado en el desfile puertorriqueño, pero confieso que me llama la atención. Me lo imagino como unas fiestas de San Sebastián mezcladas con fiestas patronales, justas universitarias y una pizca del Festival de la Novilla. A la ONU la visité hace veinte años. Me pareció un ventetú de otra naturaleza.

Dos millones de boricuas fueron al desfile. Apretaditos, brillosos, sudorosos, olorositos a sobaco tropical. Con los tules puestos. Acepillaitos. Pelfumaos hasta las teleras. Los más dandis. Mujeres en leggins con las nalgas a relieve y el pelo colorao achiote. Frases autóctonas de nuestra puertorriqueñidad por doquier: Ay bendito….

Macharranes en mahones y camisilla, con moscas en la barbilla, tatuajes en los brazos, cerveza en mano y suficiente grasa en el abdomen como para hacer trampa en un ayuno.


Rubios, negros, mulatos, achinados, piel canela, pelo rizo, lacio, canos. Mil rostros tapizados del verdor de nuestras montañas, con mancha de plátano, salpicados de salitre y contagiados con jaguaryú. Los nuevos ricos, de pueltorico. El político que se percibe amado. Indígenas, indigentes y decentes. Crisol criollísimo y mampara de la verdadera identidad.


La parada número cincuenta y uno. Cuarenta cuadras de fiesta por la Quinta. Suenan las congas que saben a salsa y los barriles con ritmo de plena. Risas simpáticas y miradas de reojo tras el accidental tropezón. La carcajada genuina. Las hembras bien puestas con más curvas que la piquiña. Damas en tacos, tropiezan poquito a poco y aguantan cuanto chino dan los machos de Boriquén. Autóctonas expresiónes como las flores de orilla: Ave Maria!, Puñeta!; Tirate cabrón, que esta llanito!; cien grados de temperatura y el olor a cuchifrito se mezcla con las colonias de Avon. Que jodío calol ; Oye Wi, Tito tiene aquello pa’ ti. No me vaya a dejal. Si ajá… mere pescau! Con el permiso, con el permiso; coño no empujen; no te cueles cabrón! Mera, siéntate!. Que hostia!; Tito, Tito, Tito… ¿qué carajo Tito? Ese se retiró! Ahora es Juanma! Juanma! Juanma! Juanma! Ahí viene la Comay muchachos! Tíralo al medio Comay! Tiene un pejo que me preste?

Un día después, varias manzanas más abajo, exactamente en la Primera Avenida, entre la calle Cuarenta y Dos y la Cuarenta y Ocho, en una estructura de treinta y ocho pisos y quinientos cuarenta y cuatro pies, obra diseñada por Le Corbusier, hay otra clase de fiesta. Pocos invitados; no menos pintorescos. Es el reclamo del gobernador de Puerto Rico, ante las Naciones Unidas, de mayor soberanía para la colonia más antigua –y feliz- del hemisferio. Al reclamo asiste muy poca gente. Aquellos que sobrevivieron la resaca del día anterior deambulan como zombis bien pagos ante un organismo internacional de mucho peso. Si tan solo los dos millones de boricuas estuvieran allí. El mismo organismo que advirtió a George Bush sobre la invasión a Irak. Y nuevamente, el organismo de treinta y ocho pisos de historias, emite una resolución. Todo tinta, todo papel y a tono con aquella otra declaración sobre la concesión de la independencia de los países y pueblos coloniales, contenida en la resolución 1514 (XV) de la Asamblea General, de 14 de diciembre de 1960; y con la pertinencia que pueda tener que ya se cumplen ciento dieciocho años de la invasión a Borinquen por los norteamericanos. La determinación del ingente organismo es: mantener la cuestión de Puerto Rico bajo examen continuo.


Supongo que en Casa Blanca están muy preocupados. No por la resolución de la ONU, sino por los dos millones de boricuas que tienen ganas de permanecer bajo fiesta continua en la isla de Manhattan, per secula seculorum.

miércoles, 4 de junio de 2008

Un Santo Músico



En el colmo de mis ansias
se confunden tu presencia y tus distancias
cómo duele la agonía
de tenerte que volver a perdonar y esconder mi soledad
cada vez que te das vuelta y te me vas
"Aldemaro Romero”

De chico, su padre lo encontraba en los cabarets. De allí lo sacaban a tirón de oreja. Menos mal que no se las arrancaron porque de otro modo el Maestro Aldemaro Romero, que en aquel entonces tenía trece años, quizás no hubiera disfrutado el oído que como músico le llevó, no solo a los caberets, sino a las mejores salas del mundo, como pianista, compositor y como director de las orquestas de mayor prestigio musical en el planeta. Romero era autodidacta. Como decía el propio maestro: “el que tiene talento, lo tiene para todo”.

Aldemaro murió en septiembre de 2007. Lamento haber conocido su nombre y apellido hace menos de un año, aunque su música ha estado conmigo casi toda mi vida. Por eso, estas letras.

El Maestro nació en Venezuela, en la ciudad de Valencia, lugar en que alguna vez viví. Ya para entonces, auque inmensa para mi, la patria Venezuela era chica para Aldemaro.

Con la itinerancia típica del músico, se marchó al mundo. Anduvo con su música por el cine norteamericano, antes arregló para la voz maravillosa de Alfredo Sadel, en Nueva York; gozó con Tito Puente ¿quien no?; dirigió e interpretó en los “big band” para Dean Martin, miembro del famoso rat pack; se juntó con el roquero Jerry Lee Lewis, e inspiró al guitarrista Charlie Byrd. En algún momento de su vida compartió profesionalmente con Pedro Vargas, Toña La Negra, Leo Marini, Daniel Santos, Boby Capó, Beny Moré y Arsenio Rodríguez. Casi nada.

Dirigió orquestas en Grecia, Egipto y Rusia. Suiza también le conoció. Brasil, España y Francia ni hablar. Por supuesto, la Orquesta Sinfónica de Londres le abrió su espacio real. En los años setenta vivió entre Londres y Nueva York.

En mi exigua capacidad musical, (porque la naturaleza se empeñó en que solo fuera capaz de escuchar, mas no de interpretar), me inclino a decir que Romero es uno de esos genios contemporáneos que será imitado, pero difícilmente reemplazado. Y de que vale que lo diga yo, ¡si todos lo saben!

Supe muy tarde que Pajarillo, De repente, Poco a Poco, Ansiedad y Catire tenían su impronta. Aunque no todas fueron compuestas por él, gozaron de haber recibido su melodiosa atención en un magistral arreglo “Aldemarado”.

Como no pretendo guardar una cronología estricta, reseño que en los años cincuenta, contratado por RCA-Víctor, paradigma de las casas disqueras, el maestro grabó lo que se considera un clásico latinoamericano: la serie de discos Dinner In. Quedó documentado que Dinner In Caracas rompió todos los récords de venta en Suramérica. Vendió más de un millón de copias. Tenía 24 años Aldemaro, pero ya nadie tiraría de sus orejas. Hubiera sido muy difícil tratar de explicar esa clase de atentado contra el fundador de la Filarmónica de Caracas.

En Rusia fue agasajado con “El Premio de la Paz”, concedido por los intelectuales soviéticos, en atención a la música compuesta para una obra cinematográfica sobre Simón Bolívar. Y me pregunto, quién más sino él.

A mi particularmente me encantan dos piezas que el maestro engalanó a su estilo. Que bueno que lo hizo; que bien que las interpretó; que tuvieron eco y que yo, en algún momento de mi analfabetismo musical, pude adueñarme de ellas a modo de himnos para mi corazón. Poco a Poco y Ansiedad. Las escucho y a veces me pregunto si no me habré convertido en un empedernido romántico que no hallará la salvación. Si la música es una religión, entonces Aldemaro es un santo al que le rezaría para mi absolución.

Quien quiera escuchar algo de este genio, (y recuerden que en cuestión de gusto no hay disputa) vayan a esta página. En una cajita negra están algunas de las piezas más emblemáticas de este compositor y arreglista venezolano. Disfrútenlo.
http://www.venelogia.com/archivos/1962/

martes, 3 de junio de 2008

como el mar

Contra ese arrecife se lanza mi ola; incontrolable y desbocada con la regularidad de una tempestad lunática. Y el promontorio con todas sus esquirlas abrasivas desgarra el agua de mi sentimiento, cuando obligado por todo, voy en retirada. Sin embargo, en los intersticios, como quien planta la simiente, aquella roca poco a poco se desgasta, queda la sal y permanece mi espuma como pecado de Onán.

lunes, 2 de junio de 2008

"If you wished to be loved, love."
Seneca
Love is never lost. If not reciprocated, it will flow back and soften and purify the heart.
W. Irving
A veces desearía desdoblarme como propone Hugh Everett. Así tendría la certeza de que, aunque en un mundo paralelo ajeno a la realidad impuesta, existe la más robusta probabilidad de que la vida discurre como alguna vez la soñé.

Primarias en Puerto Rico

Fueron algo más de 360 mil almas las que, con voto en mano, participaron en la primaria del partido demócrata, en el TNIPR (territorio no incorporado de Puerto Rico). Dos candidatos y un solo partido. Miles de ciudadanos que son materia prima como carne de cañon. Una carrera casi decidida en la que los votantes de Puerto Rico poco abonan, y a pesar de ello, se dice que la participación boricua es importante para incrementar nuestra esfera de influencia en los círculos de poder de EU.

Antes hubo primarias, hace 20 años. No creo que después de dicha participación PR influenciara en modo alguno dentro de la política norteamericana. Nuestros males y pesares, nuestros gustos y disgustos, permanecen iguales, salvo uno que otro incremento en la inconformidad. Menos progreso; retardación política y una tara en el servicio público.

Supongo que lo que aumenta es la esfera de influencia a nivel personal. Aquellos que con la bulla agitan a los votantes para que al final de cuentas, den su voto a un candidato en particular. Fuera de ello, no creo que Hillary u Obama, promuevan una dádiva particular para nuestros más necesitados. No creo que se acuerden de otra cosa que no sea los rostros de quienes, prosternados, le rinden cuentas de los donativos con los que de algún modo compran su salvación. Por lo pronto, ganó la rubia.

sábado, 17 de mayo de 2008

El mejor amigo del hambre, digo, del hombre.





Fido, aterrorizado, devora sus uñas. Lassie cambió su peinado para que no lo reconozcan. Laica, la perra cosmonauta rusa, hizo bien en no regresar jamás.

Dice una noticia de la agencia EFE, que en la ciudad de Phom Penh los perros desaparecen. No, no se han ido al festival de Cannes. Se los roban con un propósito muy noble: alimentar a la población.

El periódico reproduce la noticia decantada, evidentemente, hacia el flanco emocional. Obvia decisión cuando consideramos que un perro, como mascota, se convierte en un miembro más de la familia. Evidente por demás si la noticia exuda morbo.

Pero el periódico que publicó el nuevo menú de las fondas en Phom Penh, quizás debió considerar que dos mil millones seiscientas mil personas de todo el mundo gastan hasta el ochenta por ciento de sus ingresos en alimentos. Millones de personas no tienen dinero para comer. Es, como diría una tía mía, una vida de perros.

Por estas latitudes, no deja de ser una tragedia que alguien decida tragarse a Dino, a Benji o Rintintin. Sin embargo, el aumento de precios de los alimentos, ficticio o real, hace mella entre más de dos terceras partes de la población mundial. Me temo que países desarrollados mantienen un control y monopolio en la producción de alimentos básicos. Comer o no comer, y qué comer: he ahí el dilema.

Acá donde vivo, tal parece que el mal del hambre se hubiera conjurado. Los periódicos hacen referencia al precio de los alimentos como algo cotidiano sin enfatizar que el equilibrio de la vida es frágil. Y que cuando ese equilibrio nos favorece, es a costa de que otros sufran lo peor. Vivimos como si fuera imposible padecer una hambruna. Vemos con horror que alguien se coma a Snoopy.

Esa alocada arrogancia es peligrosa, sobre todo, si la información que trabajan los medios de comunicación raya en lo escandalosamente frívolo. Nuestro periodismo, en su gran mayoría, se abstrae de la información útil y enriquecedora. Esa que nos guía en la oscuridad. La que nos hace mejores personas. Las que nos lleva, en muchos casos, a actuar. La que imparte cultura y nos hace más humanos.

Por el contrario, se complace nuestra prensa en el velo de la señorita debutante y en la promesa repetida y poco ingeniosa del político de siempre; o en la artista que perdió su trabajo cuando se fue a maquillar o por supuesto, en el chino que devora canes.

En esta libertad de prensa que diariamente nos deja en el limbo de la idiotez, es preciso mencionar que los alimentos alrededor del mundo, por la razón que sea, han aumentado en un ochenta y tres por ciento. Los lácteos un 48%; los cereales un 88%; aceites y grasas 106%; el trigo 181%. El arroz, que hace un año se vendía a trescientos veintitrés dólares la tonelada, hoy se paga a mil dólares. La tendencia se mantendrá hasta el año dos mil quince. Se hace urgente un plan para que los alimentos no sean una aterradora necesidad y mucho menos una prenda de lujo.

La noticia es que en el mundo los hambrientos serán más. Que las potencias productoras de alimentos, a pesar de que los producen en proporciones maltusianas juegan al negocio y a la riqueza. Si los pueblos como el nuestro no toman previsiones, podrá leer en uno de esos panfletos cotidianos un nuevo titular:

el que tenga hambre, que se compre un perro.

jueves, 8 de mayo de 2008

Jardín Sereno.


El infierno está en la Tierra. De indefinida topografía y geografía irregular, deambula entre vegas y cantones y hasta en el mismo paraíso. Puede estar en ningún lugar, en uno o en todos a la vez. No lo visitamos. Llega ya con precisión quirúrgica y solo cuando ha partido, nos damos cuenta que estuvimos en el. Nos damos cuenta no en la despedida sino en ese miserable presente que nos deja para siempre.

Benny Ocasio estuvo recientemente en el infierno. El muy rastrero disfrazado de gente le birló su hija.

Y pensar que con todo el amor del padre benefactor, allá fue Benny a comprarle una casa a su niña. El hogar seguro, el castillo para su princesa. Un piso cuyo rubro denominador conquistó a todos antes que cualquier consideración: Jardín Sereno.

En ese serenísimo aposento, sedicioso como siempre, el infierno se asomó para deleitarse en el estrago. El ujier seleccionado encontró suficiente filo sin remordimientos. Abrió los surcos y mostró el camino hacia el averno. La imperfección de su crimen atroz, dejo una vereda de sangre, conducente hacia el irremediable dolor. Luego ese infierno se marchó. A otra tierra, a otro campo, a otro jardín sereno. Benny en lo sucesivo, vivirá el eterno presente del devastador “por qué”.

sábado, 3 de mayo de 2008

Trucha

Caviló sobre esos sentimientos encontrados. No había paradigma que definiera el amor que sentía. Pero tampoco existía experiencia personal que le ayudara a encarar los obstáculos que hacían improbable la relación.

Había encontrado al amor de su vida, y a la misma vez, había dado con un amor imposible. Quería llamarla a gritos; abrazarla fuerte; tenerla entre sus brazos y hasta de ella, recibir una caricia. En más de una ocasión, insomne, las cuchilladas de la soledad lo acribillaban. Herido en el sentimiento, la buscaba. Recordó haberse dicho que la esperaría toda la vida.

Salió a media noche. El instinto le anticipó que no dormiría. Con las manos en los bolsillos se desplazó a través de una noche húmeda. Solo algo llevaba en la cabeza: Ella. Podía dibujar su rostro, sentir su olor, escuchar su voz, oír su risa. Mas sabía que todo aquello quedaba solo en la imaginación. El ardid de las emociones y el demonio del amor. Una amor solitario, una amor único. Viaje de ida, nunca de vuelta.

En verdad no había risa, ni voz ronca, ni olor. No había nada. Solo instantes esporádicos con los que construyó un entramado de ilusiones que se venían abajo después de cada excusa y con cada explicación.

Caminó triste por una acera que se hacía muy larga. Una vez más se preguntó si aquella mujer era su único y verdadero amor. ¿Habrá tal cosa?

Mientras la pregunta retumbaba en todo su pecho, al cabo de un rato divisó la tenue luz de una cantina. Sintió sed. Hubiera dado cualquier cosa por compartir aquel instante con la mujer que lo trasnochaba. Su único y verdadero amor y a la misma vez, un amor imposible. Que desdicha, que desgracia.

Entró al establecimiento con la cabeza baja y los ojos con ganas de llorar. Un anciano tocaba un saxofón. Buscó una mesita anónima. Con la mirada perdida en lejanías interrumpidas, volvió a imaginarla. Siempre ella, tarde, día y noche. ¿Por qué? Con cada visión un ardor en el pecho. De nuevo y como siempre, hilvanando recuerdos.

Un mesero joven, estudiante seguramente, se acercó y le preguntó si quería beber algo.
-Coca Cola Zero- dijo con desgano pero con una sonrisa cortés. El mesero dio media vuelta. El lo siguió con la mirada hasta perderlo de vista. Sus ojos aguados encontraron al sabio saxofonista. Rostro de niño viejo. Platinado el cabello, blancas sus cejas y barbilla de nieve.

Volvió a recordarla y todo comenzó de nuevo. En verdad, y aunque doliera, lo único que deseaba, era pensar en Ella.

La noria de su mente renovó las soledades mientras el mesero regresaba inadvertidamente con una lata de soda en la mano. El viejo insuflaba notas al instrumento. El sonido del saxo. Parónimo de sexo. Hacía tiempo que no lo escuchaba. Sin saber porqué le vino a la mente la palabra “trucha”. Levantó la vista y mantuvo la misma sonrisa para recibir al camarero. Este le dijo: “Tienes suerte, es la única que quedaba”.

jueves, 1 de mayo de 2008

“La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener.”

miércoles, 30 de abril de 2008

Dos rafagas y una película

Fueron dos ráfagas. Y luego, como cuando se pone punto final a una conversación, tres disparos más. Por un momento pensé que se trataba de una prueba. Poco a poco he aprendido acostumbrarme al sonido lejano de los disparos. No ocurren siempre. A veces son frecuentes, pero no siempre. Me alarman. Se que son una profecía muy nefasta. En la pantalla de mi televisor veía 3 10 to Yuma, una película en la que los asuntos pendientes también se arreglan a tiros.

No le di mayor importancia a las ráfagas. Así que mantuve el volumen del televisor lo suficientemente alto como para recrear fielmente el ambiente del film. Miraba la película con mucho interés. El diálogo, la cinematografía, la edición y las actuaciones eran excelentes. Russell Crowe caracterizaba a Ben Wade: la maldad con guantes de seda y cara de ángel. Christian Bale, encarnaba a Dan Evans. Un terco ranchero con todas las de perder. La cinta es realmente una buena pieza del género western. Los conflictos que entraña son también magistralmente trabajados: el sentido del deber, la realización personal, el bien el mal, lo pragmático versus lo idealista; la realidad y la fantasía también tienen su espacio y son tratadas.

Pero a pesar de ver lo que ocurría en la pantalla, la memoria de las dos ráfagas regresó. Tatatatatatatatá Tatatatatatatatá … ta…ta…ta. Una ametralladora sin lugar a dudas. Luego tres disparos.

En el televisor un jinete corría a la par de una diligencia. Desde la diligencia un avejentado Peter Fonda caracterizaba a un veteranísimo escolta. Con una escopeta recortada y con su mirada de águila, perfeccionada por la magia de Hollywood, Fonda apuntó y le disparó al jinete que corría paralelo a su carruaje. Era un delincuente el del caballo: la maniquea propuesta de los buenos Westerns. El jinete bandido llevaba en sus alforjas varios cartuchos de dinamita. Peter Fonda, viejo como estaba, y con todo el movimiento de la carlinga arrastrada por caballos pudo percatarse de la explosiva carga. Fue entonces que con la escopeta recortada disparó hacia la alforja y la magia de la postproducción nos brindó una desagradable carnicería en la que tanto el jinete como el caballo se volvieron trizas.

Tatatatatatatatá Tatatatatatatatá … ta…ta…ta. Volvió el recuerdo de la secuencia ruidosa. Tarde me di cuenta que los disparos tuvieron un blanco. No los de la película. Sali al balcón y miré hacia un puesto de gasolina. Había un hilo de sangre fresco y visible que pude divisar con unos binoculares. Un ser humano tendido. Joven, sin vida. Patrullas a destiempo. Curiosos por doquier. Y luego, decenas de cartoncitos a dos aguas, numerados, cubriendo todos los casquillos que formarían parte de una evidencia que quizás nunca sería presentada en corte.

En la película 3:10 to Yuma seguían el bien y el mal repartiendo suerte a pólvora y plomo. Su escenario se llenó de cadáveres. Parecía un cuento de hadas.

domingo, 30 de marzo de 2008

El Baquiné de A.A.V.

La noticia corrió como pólvora encendida. Desde las playas hasta las montañas, de costa a costa: han acusado al gobernador; los “federicos” dieron un golpe de estado; los federales quieren influenciar las elecciones; El Pueblo de los Estados Unidos vs. Aníbal Acevedo Vilá.

Poco a poco el país dejó caer sus brazos y comenzó a prestar oreja. En cafetines, guarderías, oficinas y juzgados, todos comentaban la noticia.

Atletas, vagos, sirvientas y ejecutivos intercambiaban comentarios. Los restaurantes, no tan llenos como en otras épocas, mantenían el zumbido que ocasiona el murmullo por lo bajo. En las calles no faltó la estruendosa percusión. Enormes altoparlantes negros divulgaban música con lemas de campaña y acentuaron con tono boricua, autóctono, con folclor a “troche y moche”, nuestra más reciente tragedia pública. La oposición hacía el máximo por aparentar sosiego y no la algarabía que les hacía bailar de encanto. Poco faltó para convertir el día en otra festiva efeméride nacional.
Ciudadanos con sonrisas; compatriotas asombrados. Hubo lágrimas y bromas pesadas. Hubo quien tuvo razón para allegarse a la botella y atragantarse de ron. “Persecución política” gritan; “que renuncie” exigen. Acusación selectiva, intromisión imperdonable. Que corran los verdes, que no paren aunque sean federales. El reino de este mundo tiene garras de pájaro.

Todo un país sacudido por la noticia. Políticos aturdidos y asilvestrados. Pero a la misma vez, con una razón para la bulla; las muestras de solidaridad con vivas y hurras, barahúnda feliz y a la misma vez inconsolable. Mil interrogantes, mil respuestas y tres millones de imprecisiones. El juicio contra el “gobe”; el listo, el estratega, el corrupto, el honesto, el buen amigo, el enemigo del pueblo, el hombre de familia, el bellaco disimulado, el de los trajes caros. El daña ropa. Todo a la vez porque es un hombre alto en un cuerpo de baja estatura. Del otro lado el pliego acusatorio del imperio. ¿Y qué si es cierto lo que le imputan?
Dos días de expectativas como quien espera un cometa. Caras adustas, largas caras felices, ceños fruncidos y sonrisas a flor de labio. La oportunidad y la incertidumbre; la lealtad y la traición; el fuerte está bajo acecho y la última gran batalla a punto de exhibirse en la arena está. Conferencias de prensa en cada esquina; conspiradores en cada rincón. Analistas, no de sistemas, no de economía, analistas impúdicos. Pura desvergüenza en medio de una desesperación que como siempre entre nuestra gente es pasajera. Un dato adicional a la larga lista de eventos que nos arroban por setenta y dos horas y luego quedan rezagados en la memoria y que con toda seguridad volveremos a repetir con distinto nombre y ropaje.
Es el vudú de los federales. Agujas entre ceja y ceja. Y el tambor nuestro con bomba y plena, como el mensaje en un bosque de concreto. Hay que expiar pecados en esta colonia nuestra. Sin fiesta del té en Boston. Sin Power en las cortes. Una romería de contrastes. Es el baquiné de nuestro gobernador.

sábado, 22 de marzo de 2008

La Obsesión como remedio.

Y yo pensaba que no tenía remedio, hasta que hallé a este o esta:

“Si viajo en globo, prefiero que sea contigo. Lo mismo, si en un submarino o en un zeppelín. Contigo en el pensamiento y en el eufemismo. Quiero que nunca te vayas y que vuelvas siempre. Sin ti, quiero contigo. Quiero al fresco de tu sombra y al calor de tu luz.
Entre sábanas, contigo. Contigo un chocolate o un mordisco. Contigo aburrirme a morir, pero contigo feliz. En la sima, en la cima y en la suma. Contigo.
Y si insistes en partir, contigo llévame.”
M. A.

Diario del que extraña

Es en las noches cuando más te extraño. Al final del día y al comienzo de una soledad. A medida que menguan los sonidos y avanza la oscuridad, comienza el retumbo de palabras que nunca he querido olvidar y me encandila el “recuerdo de tu mirada”. Es duro llegar a sábanas desoladas. Es duro saber que ya no estás; que quizás nunca estuviste, y que tal parece, nunca estarás.

Acostado, a oscuras, delineo el mundo que debió ser. Iluso e ilusionado. A veces, enciendo la luz y tomo algún libro. Comienzo a leerlo sin apetito, como quien desea olvidar la mala racha. Logro evadir al avasallador recuerdo, aunque no por mucho tiempo. Entro en un ligero sopor… me estoy yendo. Cuando el libro se desprende de mis manos, y el ruido que provoca su caída me despierta, la noche da vueltas al reloj de arena y todo empieza de nuevo.
Recupero tu imagen por tiempos. Vuelvo a escuchar tus palabras; siento tu mano, vuelvo a contar tus dedos; encuentro tus ojos, recreo mi tacto, recorro tus brazos y llego hasta el cuello. Siento tu aliento en el lóbulo, y escucho cuando hablas bajito en un murmullo sensual que eriza todo mi cuerpo. Y pienso: no me hace falta dormir, puedo soñar despierto.

viernes, 21 de marzo de 2008

Aún
no sé qué mano esconde tu sorpresa
hoy que nada se parece a lo que amo.
Me salva en el largo acecho
la inseguridad que afirma mi pulso,
cada rompimiento que incita a un nuevo embate
y ese ángel justador que acude a veces
en el vago placer de la antesala.
Ricardo Hernandez Bravo

jueves, 20 de marzo de 2008

¿Por qué?

Hay una página con referencias que llevan a comprender los porqués más amargos. Yo que me empeño en buscar consuelo en las palabras, solo hallo el mismo desengaño. Aun así, oculto mi tristeza con dichos felices y acciones burlescas. Procuro un poco de alivio y resto brusquedad al delirio que más me agobia de un tiempo a esta parte. Busco enterrar la felicidad frugal, pasajera y espuria. La de los pactos inconclusos y el lisonjeo a medias. Apaciento las ovejas de mi rabia con el análisis frío de la razón y el cálculo. Pero confieso que al final, siempre me equivoco en ese ajuste de cuentas. Entonces releo versos como si fueran las fórmulas que desentrañan la solución al problema.
Y resurge mi pregunta más agria:

Borges escribió:
Entre mi amor y yo han de levantarse trescientas noches como trescientas paredes y el mar será una magia entre nosotros. No habrá sino recuerdos. Oh tardes merecidas por la pena, noches esperanzadas de mirarte, campos de mi camino, firmamento que estoy viendo y perdiendo... Definitiva como un mármol entristecerá tu ausencia otras tardes.

Cortázar preguntó:


Dime por qué todavía te deseo, por qué tu nombre vuelve como el hacha a la herida en una amarga visitación de la medianoche, a la vera de un campo funerario donde larvas se multiplican húmedas babas, recuento interminable de torpezas, dime desde esa nada donde ahora te atrincheras, dime por qué me basta componer un mecanismo elemental de sílabas, discar en el cogollo de la niebla las cifras de tu nombre para que solitariamenteme agobie la esperanza de una menuda migración de dedos por mi pelo, de una fragancia donde habita el musgo. De un silencio más fogoso que todas las vigilias.

Octavio Paz suplicó:
Arde, furor oculto, ceniza que enloquece, arde invisible, arde como el mar impotente engendra nubes, olas como el rencor y espumas pétreas. Entre mis huesos delirantes, arde; arde dentro del aire hueco, horno invisible y puro; arde como arde el tiempo, como camina el tiempo entre la muerte, con sus mismas pisadas y su aliento; arde como la soledad que te devora, arde en ti mismo, ardor sin llama, soledad sin imagen, sed sin labios. Para acabar con todo, oh mundo seco, para acabar con todo.